
Fuerteventura durmiente
Si la historia de Canarias fuera una telenovela —y mucho se asemeja— hoy estaríamos viendo el capítulo donde la protagonista sería Fuerteventura, una señora vieja que después de llevar toda su vida en coma se despierta desorientada como una bella durmiente y tiene a miles de hienas mordiéndola sobre la cama.
Los majoreros que nos hemos criado aquí no salimos de nuestro asombro. Parte de nuestra identidad es sentirnos abandonados, dejados de la mano de dios, alejados del centro del universo. Antes, veíamos las noticias con una sensación de que todo eso pasaba allá, no aquí. Pero el centro se ha movido y ahora resulta que estamos en medio de todo el cotarro. Todos los focos para acá. Es el momento de Fuerteventura y nosotros a por higos.
La isla experimenta un crecimiento demográfico exponencial que requiere de una regulación, ya que está suponiendo colapsos en los servicios y hasta problemas de salud mental y de identidad, pero hoy me voy a centrar en mi enfoque favorito: la ordenación del territorio. A mí es que me gusta lo complicado.
Ahora mismo tenemos varios percales de importancia en curso. Varios planes generales de ordenación en tramitación, otros desactualizados, el Plan Insular de Ordenación reiniciado, una Ley del Suelo en vías de actualizarse a cargo de un majorero y un sector turístico en perpetuo crecimiento y reinvención que continuamente genera nuevas actividades económicas que hay que regular: viviendas vacacionales, actividades al aire libre, acampadas... Casualmente, la Consejería de Turismo también está en manos de una majorera en el Gobierno de Canarias.
Además, tenemos un pacto curioso que planea por casi todas las instituciones. Así nos lo chismió antes de las elecciones el Mediador en un audio hablando con el entonces Subdelegado del Gobierno, donde se decía que Blas iba a hablar con Claudio a solas siguiendo órdenes de Clavijo. Se puede hacer caso o no de las habladurías, pero los hechos hablan por sí solos dos años después: CC pacta con PSOE en los municipios majoreros y con el PP en el Gobierno de Canarias, así se aseguran el poder para decidir, entre otras cosas, cómo se corta el pastel. Y el pastel ahora mismo es nuestra islita cumplida y pelada.
¿Por qué? Pues porque hay mucho terreno para construir plazas alojativas y residenciales, para instalar campos de energía fotovoltaica y eólica y su población es una amalgama de nuevos residentes y minoría majorera que o tiene vínculos directos con los políticos de turno o han perdido la esperanza de ganar ninguna batalla.
Si en las circunstancias en las que nos encontramos, no solo en Canarias sino en el mundo entero —con una gran guerra inminente, el cambio climático y la transición energética sobre la mesa—, no se salva ni un poquito Fuerteventura teniendo la sartén por el mango y varios consejeros majoreros en cargos importantes para decidir su futuro; si no se protegen sus paisajes y recursos y se atajan las visitas a espacios naturales protegidos sobre el terreno y no sobre el papel; si no se usan los beneficios económicos que supuestamente dejan el sector turístico y el audiovisual para conservar y no desmantelar la continuidad de los paisajes de la isla y de paso promover un pizquito la calidad de vida de sus habitantes, contratando los profesionales que hagan falta para una vida digna; si la consejera majorera de turismo del Gobierno de Canarias no puede influir nada en su compañero de partido palmero consejero de Transición Ecológica y energía para dejar de aplicar el dichoso artículo 6 bis y no presionar con las zonas de aceleración de implantación de renovables con el beneplácito del consejero majorero de política territorial, empezando por fomentar un aprovechamiento de las cubiertas y no devorar más territorio; si no son capaces de poner límites a esta bella durmiente que despierta demasiado despacio debido a la propia idiosincrasia de la nueva sociedad fuerteventureña; si los que se lo están llevando calentito, incluso a través de dietas ocultas, no hacen que este sinsentido pare, el pueblo va a despertar dando berridos y un golpe sobre la mesa porque ya estamos al borde del abismo. Las cartas están echadas y nosotros estaremos aquí para señalar a los culpables.
No es casual que se esté tramitando a la vez el Plan General de Ordenación de La Oliva, el de Pájara, el Plan Insular de ordenación de Fuerteventura y se esté promoviendo una actualización de la Ley del Suelo por parte de un majorero. Es ahora o nunca ¿eh, paisanos? Es cierto que hay que aprobar los instrumentos de ordenación de una vez, pero llama la atención que se acorten plazos de consulta pública y se añada la palabra turístico o discrecional en determinadas frases. Ya no nos fiamos de nadie. Tiempo han tenido de resolver este caos y en dos años más veremos qué han hecho con esa gran oportunidad.
Lo que estamos viviendo en la actualidad no es como la recesión de 2008. Ahora hay una masificación insoportable en cuatro de las islas que te cambia hasta la mente, te hace sentir preso, como si estuvieras desterrado en tu tierra, produciendo una crisis económica, personal y social a todos los niveles, incluso identitaria.
En esos momentos tan duros la gente tiende a la polaridad y la cosa se puede poner muy fea. De hecho, estamos viendo cada vez más noticias que indican que hay más delincuencia y violencia —usaré genéricos para no reproducir palabras malditas—. No es casual, es que estamos en una época en la que no puedes SER. Y sin recibir ningún beneficio.
Hay que transicionar el modelo energético, pero no vemos que baje la factura de la luz. Hay que convivir con el turismo, pero ya hay por todos lados gente que anda despistada, que quiere divertirse, que obstaculizan carreteras, que quieren hacerse selfies en todos los recovecos de la isla... Ya no hay ni temporadas altas ni bajas. Vivimos del turismo, pero requetemal, con el agua al cuello.
Además, tenemos emergencia habitacional y la cesta de la compra más cara. Los inventados municipios turísticos son tres en nuestra isla y ocupan casi dos tercios del territorio. No tenemos ni dónde ni cuándo SER. Y encima van a por más: más promoción, más turismo, más territorio consumido por las renovables o por demandas exteriores de extracción de minerales.
Estamos para hacernos un estudio sociológico los majoreros. Lo que estamos experimentando en Fuerteventura no es deseable para nadie. Pero siempre hay un hueco para la esperanza y por eso escribo estas líneas, porque hasta que me muera veré una salida, una forma para mejorar las cosas desde la simple fuerza del vivir, queriendo prosperar, pero sin una ambición que oprima, buscando la libertad y el amor por los demás. Aunque me resulte difícil estos días, nadie podrá quitarme las ganas de luchar por lo que me parece más justo. Y afortunadamente no estoy sola. Ya estamos despiertos y organizados y aunque nos amordacen, seguiremos señalando las cacicadas e incompetencias de los que están decidiendo el presente y el futuro de nuestras islas.
* Portavoz de Drago Canarias en Fuerteventura
Comentarios
1 Anónimo Mié, 02/04/2025 - 11:50
2 Torete Mié, 02/04/2025 - 18:52
3 Toni Molina Jue, 03/04/2025 - 08:20
4 Para el 2. Jue, 03/04/2025 - 16:26
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