
Beneficios maléficos

La política debería estar a la altura de los ciudadanos, los mismos que tienen derecho a votar cada cuatro años o participar activamente de diferentes maneras. Cuando la gente se siente engañada y estafada pero aún tiene la fuerza moral de seguir reivindicando sus derechos, se organizan y presentan una alternativa válida y capaz de enderezar la situación. Es el caso de Drago Canarias. En el momento en el que estamos, no solo estamos diseñando acciones a llevar a cabo y planteando internamente soluciones a las calamidades que se han ido cometiendo durante las últimas décadas en las que ha gobernado mayoritariamente Coalición Canaria, sino que también durante la desastrosa legislatura que nos brindó el dichoso Pacto de las Flores.
También estamos haciendo una labor de sacar a la luz y dar a entender lo que está pasando, porque las palabras de los "políticos" muchas veces no dicen nada, o todo lo contrario. Las acciones van por un camino diferente a los discursos que utilizan ahora, a un año de las elecciones. Es una labor de traducción entre la dialéctica persuasiva y la realidad material.
Nos basamos en casos como el de la promotora Bonete Garden. Puede que no hayan oído hablar de lo que está pasando con el Edificio Pelayo, ubicado en El Charco, en Puerto. Yo misma tampoco sabía nada hasta que los inquilinos nos informaron de primera mano. ¿Por qué no ha salido más a la luz? Quizás no interesa. Resulta que desde el ICAVI se da una subvención destinada a concluir una obra inacabada de promoción privada con el fin de destinarla a alquiler de vivienda protegida. Se les dio anticipadamente casi medio millón de euros de dinero público para poner en el mercado 56 viviendas a un precio asequible. En la misma nota de prensa oficial del Gobierno de Canarias dicen que contará con "protección oficial durante 30 años" y que los precios estarán entre 272 y 561 euros al mes.
A primera vista, parece una buena inversión de dinero público, pero lo que pasó luego fue que la promotora empezó a enviar cartas a los inquilinos informándoles de una subida del alquiler. No solo eso: les envían un nuevo contrato para que firmen y dejar sin efecto el anterior. Ante esto, tienen que tener tiempo para entender qué está pasando y para oponerse adecuadamente si creen que es injusto. Tras muchos dolores de barriga y reflexión, consiguen que se les aclare que algunos tienen derecho a mantener el precio anterior y otros no. Ellos ya se sentían estafados porque al inscribirse para acceder a esas viviendas protegidas, vieron anuncios con precios bajos que llamaban la atención pero que en realidad ocultaban otros gastos que no podían eludir, como trastero, plaza de garaje, comunidad, etc. Lo que parecía que iba a ser una mensualidad de 450 euros al final se ponía en más de 600. ¿Y encima ahora les quieren subir la mensualidad? ¿Pero esto qué es? Siempre igual: el dinero público acaba sirviendo para el beneficio de algunas empresas que hacen negocio a costa de la masa de trabajadores que aspiran a tener un futuro mejor.
Algo parecido también ocurre con los hoteles que reciben una financiación de dinero público. Como ejemplo, les pongo una nueva construcción que se está ejecutando en El Cotillo. La información no es secreta. Paseando por el pueblo puedes ver los carteles donde se informa de quién realiza la obra y cuál es el presupuesto. En este caso, me ahorraré el nombre para no hacer publicidad gratuita al hotel, pero los datos económicos son los siguientes: inversión de casi ocho millones de euros y ayuda de la Unión Europea de casi cuatro millones. Es decir, para que El Cotillo tenga un hotel más y haya otras 200 plazas turísticas la Unión Europea otorga a la promotora un tercio del presupuesto.
Pero, el cinismo llega mucho más lejos. Últimamente, estamos escuchando a los representantes del Ayuntamiento de La Oliva decir en las ferias de turismo que el turismo tiene un límite. Yo me quedo perpleja. ¿Cómo? ¿Eso dicen ahora? Ahora quieren una moratoria mientras en el municipio se están construyendo muchísimas plazas turísticas nuevas, entre ellas un macrohotel de 1000 camas en Corralejo. Pero ninguno es capaz de exigir que quiten los hoteles de las dunas, que se están cayendo a cachos y cuya concesión ha caducado. ¡Viva el postureo!
Es más, todos queremos que Canarias tenga mayor autonomía sobre el territorio canario: que lo que pase aquí, se decida aquí. Pero viendo el andar de la perrita, miedo da saber que ahora el Gobierno de Canarias será quien tenga las competencias para autorizar las concesiones de uso de la costa, porque ya han dejado claro cómo piensan: la costa es para explotarla, es nuestro activo financiero. Por eso, en lugar de cuidarla, la fraccionan en sectores para sacar a licitación derechos de explotación, es decir, usos privados en forma de terrazas, chiringuitos, hamacas, etc.
Por eso, cuando hay que adecentar un paseo para hacerlo más accesible, lo que hacen es pagar 1,7 millones de euros y meter grava y tarimas por toda la playa —ahora urbana— de Corralejo o usar medio millón de euros para intervenir el paseo de los Hornos de Cal en El Cotillo. Dinerales que se dicen pronto, pero que servirían mejor para vigilar y cuidar de manera efectiva nuestra costa, que está llena de caravanas, escombros y prácticas ilegales.
Y por supuesto, se llenan la boca hablando de identidad, cuando toda Canarias sabe que de la identidad del majorero forma parte el silencio, lo salvaje, el espacio… No cabe un Benidorm en la identidad majorera, pero se están empeñando en importar negocios tipo Las Vegas que destrozarán, no solo nuestra forma de vida y territorio, sino también nuestra salud mental. Pero bah... como somos minoría, "legislemos para el resto". Es una ecuación que no se sostiene y tarde o temprano caerá por su propio peso.
También blasfeman sus señorías tomando el nombre del medio ambiente en vano. Pero no parece muy ecologista usar casi 400.000 euros para trasplantar una duna desde la zona sur del espacio natural protegido hasta el norte de los hoteles Riu. ¿Por qué semejante hazaña? Pues porque las dunas se mueven por el viento y, donde quieren que haya arena, no hay y, donde no quieren que haya, hay. Y como se creen dioses, meten palas y tractores encima de la arena para cumplir sus deseos. Una imagen que duele ver. Todo ello con la correspondiente autorización y financiación de todas las entidades públicas competentes.
El malestar se oye ya hasta en otros acentos. "Esto así no se hace", "esto ya no es lo que era" o "aquí no se puede vivir" dicen los extranjeros que llevan aquí un tiempito y notan que esto se está pudriendo. Y no solo es que la vaca dejará de dar leche, sino que hemos perdido la calidad de vida a la que estábamos acostumbrados. Mientras, algunos todavía se llenan la boca diciendo que "comemos del turismo" y a mí me parece verlos recogiendo las migajas que se les caen a los guiris debajo de la mesa. Pero hay que tener mesura, analizar y calcular. Nosotros ya teníamos suficiente con las cifras de hace una década para convertir el turismo en nuestro beneficio, para poder seguir viviendo aquí. Pero estamos cediendo terreno —nunca mejor dicho— para que otros vengan a hacer sus negocios a costa —nunca mejor dicho— de nuestro bienestar.
A nosotros se nos va la vida en ello. Nos hemos ido y hemos decidido volver. Tenemos un futuro por vivir, ilusión por el bienestar de nuestros iguales o de nuestros propios hijos. Tenemos capacidad para imaginar y hacerlo realidad. Tú también puedes y debes colaborar para que Canarias y, en concreto Fuerteventura, coja fundamento y no se pierda por el camino. Aunque andamos justos, estamos a tiempo.
* Portavoz de Drago Canarias en Fuerteventura











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