“La gente mama la homofobia de muchos sitios y de muchas maneras diferentes”

Jose Mari Goenaga, guionista y codirector de ‘Maspalomas’: “Para la película me proyecté en la posibilidad de perder lo conquistado”
“La gente mama la homofobia de muchos sitios y de muchas maneras diferentes”
Dice Jose Mari Goenaga, guionista y codirector de Maspalomas junto a Aitor Arregui, que el protagonista de la película José Ramón Soroiz es en el País Vasco como Antonio Resines en España, que no hay quien no lo conozca. Asegura que eso, y la cantidad de galardones que ha recibido, como el Goya 2026 al Mejor Actor Protagonista, es lo que “ha hecho que mucha gente de allí se haya acercado a ver una historia que quizás de otra manera no lo hubiesen hecho”. Se refiere a la de Vicente, un señor de setenta y pico años que vive su homosexualidad con libertad en el sur de Gran Canaria hasta que ingresa en una residencia de mayores y vuelve al armario. Una historia personal, comparte Jose Mari, sobre la posibilidad de perder lo conquistado. Diario conversó con Jose Mari en un mes en el que Maspalomas Pride By Freedom celebró su 25 aniversario precisamente rindiendo homenaje a quienes abrieron camino, y lo hizo bajo el lema “Nuestra historia, su legado, nuestro orgullo”.
-La película presenta Canarias como un destino idílico para el colectivo LGTBIQA+. Como guionista, ¿era consciente de que retrataba una realidad sesgada?
-Me imagino que Canarias no es una excepción y también hay ataques contra el colectivo. No hemos querido obviar eso pero queríamos centrarnos en otra cosa. Maspalomas es una idealización de nuestro personaje y de nosotros mismos también. Yo cuando he ido de turismo a Maspalomas me ha hecho sentir muy cómodo y he querido captar esa realidad, pero soy consciente de que es una burbuja. E incluso dentro de Maspalomas no tiene por qué ser así, pero la película no pretende ser una visión realista ni una radiografía de la situación del colectivo LGTBIAQ+. Es un lugar en el que el protagonista ha vivido feliz y desde ese lugar es desde el que estamos contando.
-¿Cómo fue imbricar la mirada de Aitor y la suya para no caer en estereotipos sobre el colectivo?
-Nosotros formamos parte de la productora Moriarti, somos tres directores y guionistas, y lo hacemos en distintas fórmulas. Aquí hay ya una comprensión mutua muy grande, y creo que lo bueno y lo malo que tenemos es que no hay filtros. En este caso estaba yo solo como guionista, y el acercamiento de Aitor era diferente. Él era muy consciente de que para mí era una historia personal y para él una historia de descubrimiento. Él fue la primera vez a Maspalomas para ver localizaciones y conocer un poco todo lo que es el ambiente que se retrataba en el guion y alucinó. Por ejemplo, le llamaba muchísimo la atención ver a tantos hombres juntos, y de repente para mí era verlo desde otro lugar. En ese sentido, la gran suerte que tengo es que Aitor es una persona que no enjuicia, que se acerca a las cosas con muchísima curiosidad. Eso me ha ayudado a tranquilizarme porque cuando estás en casa el papel lo aguanta todo, pero cuando empiezas a compartir el guion y a ver localizaciones te sientes expuesto. Cuando opinaban sobre el personaje de Vicente me sentía aludido.
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José Ramón Soroiz interpretando a Vicente en ‘Maspalomas’.
“El cine ha estado contado por el hombre heterosexual blanco”
-¿Le daba miedo lo que opinase el propio colectivo sobre la película?
-Sí, mucho además. Creo que era lo que más me preocupaba cuando estaba escribiendo. Y dices, bueno al final el colectivo es muy diverso y existen distintas formas de procesar las cosas, pero sí me sentía responsable. Pensaba que a lo mejor se veía como un tema pasado porque hoy en día el debate sobre la orientación sexual puede que esté en otro lugar. Te encuentras con discursos de estar encasillando, y de que somos mucho más fluidos que todo eso. También por el tema de que parece que las historias gays siempre tienen que ser dramas. Aunque hemos hecho una historia con un poco de humor. Pero sí, me preocupaba que no se entendiese por parte de algunos, al tratarse de un señor cis normativo... Pero a la vez tenía la esperanza de que si la estaba contado desde mi propia honestidad, la gente podía conectar con ello. Al final, estás hablando de una problemática que existe, y hoy en día todavía hay muchos miedos. La película conecta con esa idea de que podemos perder lo conquistado. Hace unos años ni nos planteábamos que esas conquistas se pudiesen perder, y hoy en día estamos en una situación en la que según quién gane las elecciones nos quitan una serie de derechos. Y es lo que le pasa a nuestro protagonista, que cuando ingresa en esa residencia no se siente con fuerzas para defender lo que es, y acaba otra vez en el armario, perdiendo su identidad. Así que para mí fue un alivio ver que mucha gente del colectivo se sentía identificada y otra que no es del colectivo también.
-Precisamente por lo que comentaba de que perder lo conquistado no es un tema pasado, ¿no?
-No, y sigue siendo una de las principales causas de bullying. Además, hay una especie de caldo de cultivo que no necesariamente está relacionado con tu propia familia. La gente mama la homofobia de muchos sitios y de muchas maneras. Yo empecé a hablar de micro homofobias incluso en el propio colectivo. Cuando vas a buscar bares donde rodar, por ejemplo, y te encuentras con situaciones que alucinas. Aquí en Donosti necesitábamos una sauna, preguntábamos y de repente sin venir a cuento te decían: pero son buena gente... También nos pasó que queríamos utilizar la canción I am what I am para que la interpretara Armani Dvyne, pero cuando pedimos los derechos, ya que el compositor falleció, parece ser que quienes los poseen argumentaron que no, porque se había utilizado demasiado en películas de drag queens. Y si se hubiese utilizado en un montón en comedias románticas, ¿también dejarías de ceder los derechos? Me pareció muy homófobo. No hablamos con ellos directamente pero esa fue la respuesta que recibió quien lo gestionó. Y dices, joder todavía lo que hay que evolucionar. Esto, en un país y una cultura supuestamente abierta.
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Escena de la película ‘Maspalomas’, rodada en el sur de Gran Canaria.
“Me gustaría creer que en PP y Vox hay gente que conecta con la película”
-De hecho, la película incluye esas micro homofobias...
-Hay una escena, cuando Vicente va a la psicóloga y le dice que es homosexual. Hay gente que entiende la respuesta de la psicóloga y gente que no. La residencia es una metáfora de la sociedad, la sociedad va abriéndose y hay leyes que nos equiparan, pero a la hora de la verdad, cuando vas de la mano con tu pareja... Un heterosexual ni siquiera se lo plantea pero un homosexual sí, y tienes a tu madre diciéndote: oye, ten cuidado. Se están haciendo esfuerzos pero a veces entramos en debates que, de por sí, son ataques homófobos. El caso más llamativo fue el de Saúl, que cuando lo asesinaron se debatía sobre si se podía considerar un ataque de odio, y te preguntas: ¿estamos hablando en serio? Es un desfase entre el desarrollo legislativo y esa igualdad que vemos en el día a día.
-¿Llevó a cabo algún proceso de deconstrucción adultocentrista para escribir sobre un personaje de setenta y pico años?
-Para mí el personaje de Vicente es una proyección de mí mismo. No tengo setenta y pico, pero soy una persona a la que le costó salir del armario. Fui por primera vez a Maspalomas en 2016 y lo que vi con las personas mayores es que en muchos casos vuelven al armario. Y me proyecté ahí, tanto en un sitio como en otro, en Maspalomas y en la residencia de mayores. Me proyecté en esa posibilidad de retroceso en mi vida si tuviese que enfrentarme a esa residencia. Todo lo que acompaña al retrato del ambiente y del colectivo, está mirado desde ahí.
-¿Cómo fue acercarse a las realidades de las personas mayores en las residencias?
-Estuve varias veces entrevistándome con una trabajadora social, y no es que ella me abriese los ojos pero me hizo pensar mucho más sobre cómo infantilizamos a los mayores, o cuando los tratamos con condescendencia. Ella me decía que no le gustaba escuchar la expresión ‘nuestros mayores’, porque son personas autónomas que pueden tener algún tipo de deterioro o que no pueden valerse por sí mismos, pero hay muchos casos en los que tienen la mente perfectamente y los tratamos como si fuesen niños de escuela, como si fuese un internado. Y para eso el cine es una herramienta muy importante, porque si al final lo que ves de la gente mayor es que son abuelitos entrañables o viejos verdes, y no hay ningún otro matiz, pues vas a ver muy limitada tu posibilidad de desarrollo. Yo lo comparo con la orientación sexual. El cine lo mostraba muy poco y cuando se empezó a mostrar, los personajes acababan de una manera muy trágica o como la loca de una comedia. Como homosexual no tenías dónde mirarte. Ahora se ve más que las personas homosexuales cuenten sus propias historias. Lo mismo que está pasando con las directoras, si no ves un reflejo de tu mismo potencial, te vas a desarrollar mucho menos. Parece que a partir de una edad no tienes capacidad de cambio ni de absorber. Por ejemplo, cuando estaba escribiendo el guion me encontraba a mucha gente que se cuestionaba si a partir de una edad tienes impulsos sexuales, y no hace falta más que irte a Maspalomas o a una residencia de mayores, en la que muchas veces en las reuniones están tratando temas de índole sexual.
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Nagore Aranburu interpretando a Nerea, hija de Vicente en la película.
“Tratamos a los mayores como si fuesen niños de escuela, como un internado”
-¿Qué le gustaría ver en el cine español con respecto al colectivo?
-Si lo supiese ya lo estaría escribiendo (risas). Pero mira, el tema de la gente mayor es un filón, puede sonar frívolo pero es una fuente de historias inagotables y no está muy explotado. Creo que hay muchas historias que contar en torno a lo trans, a la sexualidad, o la bisexualidad, que es poco tratada en el cine. Durante cien años el cine ha estado contado por el hombre heterosexual blanco, como para no tener ahora historias que contar... Y, sobre todo, también historias en las que no necesariamente la identidad sexual esté en el epicentro sino que sea algo tangible pero que enriquezca la historia. Por eso el cine de Almodóvar me parece estupendo, porque es un cine en el que no es el centro de la historia que un personaje sea homosexual o transexual.
-¿Qué opina sobre la censura a la cultura que estamos viviendo por parte de la derecha y la ultraderecha?
-Creo que es la constatación de que la cultura es importante. Precisamente la derecha y la ultraderecha, que muchas veces están despreciando la cultura y dicen que lo importante es la economía, luego llega Vox y se quiere hacer con la cartera de cultura. Es muy importante que conozcamos nuestras mentes y que aumente nuestra capacidad de empatía. Me parece muy triste que haya quien quiera parar las alas y que no quiera que se cuenten una serie de historias. Y también hay este punto hacia la gente mayor de que no lo van a entender. Menospreciamos la capacidad que tiene la gente de meterse en pieles que pueden estar muy lejanas a ellos. Nosotros lo hemos visto con nuestra película, gente de distintas edades que conecta con la historia. Intentar cortar eso es hasta antidemocrático.
-¿‘Maspalomas’ ha llegado también al público más conservador?
-Hay gente que no te viene directamente a decir que son de Vox pero sí es gente conservadora, pero con una capacidad de comprensión que te llevas sorpresas. Me gustaría creer que tanto en PP como en Vox pueda haber gente que pueda conectar con la película y con estas historias.
















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