
Con tino hacia nuestro destino

En los últimos meses, sigo viendo disparates que solo me dan la razón cuando me llevo las manos a la cabeza. Pensaba que los partidos del statu quo canario —o sea, todos los que gobiernan y casi todos los que están en la oposición en las diferentes instituciones— se iban a cortar un poco e iban a hacer algo para que los demás pensemos que no, que realmente ellos saben lo que hacen y barren para casa, al menos antes de las elecciones para disimular. Muy al contrario, lo único que he visto es palabrerío que pretende intoxicar y adormecer la capacidad de raciocinio del votante común.
Con esto del dichoso crucero, Coalición Canaria vuelve a encender la antorcha del soberanismo, pero una vez más, desde el victimismo. Todos sus actos nos indican que no quieren gobernar para el pueblo canario. Cuando consiguen competencia sobre un área, la empobrece y la mercantiliza, como pasa con la sanidad o nuestras costas. En lugar de proteger y cuidar, lo que hacen es venderla a cachitos enarbolando la bandera de las —para ellos ahora— ocho estrellas verdes.
Con diferentes caretos de enfado nos dicen que España impone a Canarias lo que quieren, sin preguntar, informar, ni debatir. Y en eso estoy de acuerdo, no debería ser así en ningún territorio por respeto a su población, pero lo verdaderamente indignante no es que la potencia colonizadora instigue y explote su colonia, eso es lo que se espera de base, sino que el propio autogobierno del territorio lo destroce y empobrezca a su población. Déjense de enfaditos, que son ustedes los culpables.
La economía de cruceros debe acabar mundialmente. No por esta crisis, sino porque no concuerda con las leyes de la sostenibilidad. Esto es un cachondeo. ¿Cómo va a ser sostenible un barco construido hace treinta años con 4000 personas a bordo comiendo y bebiendo alrededor de nuestro Archipiélago y produciendo residuos? Pero es que no es uno, sino que son más de 120 atraques a lo largo de una temporada. Unos con más y otros con menos capacidad, pero ahí están.
El dichoso virus es la anécdota, lo que hay detrás es un destrozo impresionante del medio que, además, incomoda a la población local. Y ese producto turístico es una opción de mercado celebrada por todos los partidos políticos con alfombra roja y trenecitos.
Lo de que incomoda a la población no me lo saco yo de la manga. Se habla en la calle, se siente cuando un tráfico inusual te atasca, lo comentan los sanitarios del hospital que se sorprenden con las caídas y otros percances que a veces tienen que auxiliar cuando llega un crucerito. Lo que tiene que hacer Coalición Canaria es dotar de presupuestos y materiales a nuestros sanitarios para que no tengan que hacer huelga y para que puedan cuidarnos, desde lo público, sin tener que perder su propia salud física y mental. No me digan que no se han dado cuenta. Es que no quieren hacerlo. Luego usan cualquier excusa para hacerse las víctimas ante el Estado porque en eso se basa su capacidad de embaucar a su militancia. Con todos mis respetos.
Canarias es una colonia. Sin victimismos. Es nuestra historia y hoy en día está disfrazada de Comunidad Autónoma, pero en la mente de la mayoría, de aquí y de allí, seguimos siendo un hijo adoptivo de papá Estado. Para algunos, es difícil romper con pensamientos tan arraigados que funcionan como cadenas y barrotes, y liberarse para andar nuestro propio camino. Canarias debería ser el ejemplo a seguir, no una cárcel, no un campo de trabajos forzados, no un lugar donde venir a perder la cabeza.
Estoy leyendo un libro muy recomendable, sobre todo para los amantes de la historia de Canarias y especialmente de la lingüística. Se llama "La muerte de la lengua guanche", de Rumén Sosa Martín. A través de él, es fácil imaginarse en el probable escenario que se vivió en las Islas unos siglos atrás e imaginar cómo fue el cambio de población y cultura cuando se establecieron de repente tantos colonos de diferentes orígenes, que fueron desplazando, engullendo o integrando a la población de base: los diferentes antiguos isleños.
Y según lo leo, me erizo, porque se me parece mucho al presente. Con adaptaciones al mundo moderno de hoy, pero el mismo fenómeno psicosocial. Es nuestra responsabilidad despertar como pueblo y hacer las cosas bien ya. No hablo de piedras y palos, sino de utilizar la inteligencia para definir conceptos, cifras y rumbos, y en base a ello empezar a gobernar este lugar para no perder los privilegios que tenemos y ganar los que nos falten.
Si los que gobiernan quisieran, pero no supieran cómo, esta es la era de la tecnología. Pongan números en una maquinita de Inteligencia Artificial para que les diga cuál es el límite de viviendas vacacionales para que los colonos europeos no desplacen a los canarios, cuántos inmigrantes son necesarios para cubrir la mano de obra requerida, cuántos médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, profesores, comida, agua corriente, electricidad o camas turísticas son necesarias para que la población tenga una vida ideal en este territorio, con nuestras condiciones sociales, climáticas y geográficas.
Sin embargo, mientras esto coge rumbo al garete, las izquierditas en descomposición siguen apabullando con gritos de unión a cualquier costa. Pero Drago Canarias va por delante. Eso ya lo intentamos en 2023 y Sumar fue un fiasco. Estamos cansados de postureos y autobombo. Es el momento de la izquierda soberanista y las elecciones andaluzas nos dan la razón. Seguimos hacia adelante, con cabeza, paso firme y sin contrapesos que nos avergüencen. Nos quitamos las gafas del Matrix lingüístico que nos impide ver un mundo donde no somos siervos de nadie, para proponer un futuro más justo y conveniente para la mayoría. Hay que creer en una alternativa posible y no dejarse llevar por el victimismo o el pesimismo. Sabemos cómo, tenemos ganas y no nos queda más remedio que coger las riendas de nuestro destino.
* Portavoz de Drago Canarias en Fuerteventura











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