La Asociación Cultural Raíz del Pueblo recupera su apuesta por el teatro infantil, avanzando para afianzar un nuevo grupo de jóvenes intérpretes

De la raíz a la siembra: nuevos brotes de Guañoht en La Oliva
La Asociación Cultural Raíz del Pueblo recupera su apuesta por el teatro infantil, avanzando para afianzar un nuevo grupo de jóvenes intérpretes
El placer de jugar, cuenta Yanira Calero, es el cimiento, la raíz, la primera fuerza que se despierta en una actriz, en un actor; es efervescente y deslumbrante, no tiene un propósito más allá del descubrimiento inmediato y transforma para siempre a una persona: la imanta al teatro. La actriz majorera lo describe como un espacio en blanco, libre y liviano, donde la persona juega a ser otras personas, sin expectativas ni cargas, sin posicionamientos estrictos o normas, sin preocuparse por el resultado porque el objetivo es el juego. El término, cuenta, fue una de las primeras enseñanzas de la escuela de actores, un aprendizaje que atesora y que lucha cada día por mantener encendido.
Los chicos y chicas juegan; indudablemente juegan. En el pasillo, a unos metros de la sala de ensayo, se oye el eco de risas, ruido de pasos y de carreras, el mover de muebles, algunos gritos. Una mirada por la pequeña ventana de cristal de la puerta confirma la escena: los niños y niñas, efectivamente, están jugando; lo hacen ante la paciente atención de Yanira que los contiene, anima, conduce o modera según pide el momento.
La ebullición de la sala explota con una última estampida de pasos, anunciando el fin del ensayo; entonces, varias caras asoman con curiosidad, ansiosas, a la puerta: “Tenemos muchas ganas y mucha ilusión de que nos entrevisten, porque nunca antes salimos en el periódico, ni en la tele, ni nada”, resume una de ellas.
Son parte de los 21 componentes del incipiente grupo de teatro infantil de Raíz del Pueblo en La Oliva, una iniciativa que arrancó con 12 niños y niñas y que hoy casi ha duplicado a sus integrantes. A final de este verano cumplirán un año de andadura como compañeros y compañeras de curso teatral, consolidando la primera fase formativa; de afianzarse los participantes en el próximo curso, se abre para la Asociación la oportunidad de volver a formar un grupo infantil de teatro que pueda continuar la senda del reconocido Guañoht (1970-1999), del mismo modo que entre 2008 y 2012 lo hizo su grupo infantil Jirimiquiar.
En este sentido, la actriz Yanira Calero, monitora y coordinadora del grupo, destaca el valor de este punto de partida, Raíz del Pueblo, para apuntalar la tradición teatral desde la infancia y como referente también para las nuevas generaciones: “Hay alguna niña que el primer día de taller dijo que vino porque vio el documental de Guañoht. Es bonito ver cómo sigue esa estela y creo que Raíz del Pueblo es el centro, cimiento perfecto para construir teatro, porque aquí se gestó Guañoht -sigue siendo impresionante lo que consiguió, unir un pueblo entero en torno al teatro-. Mantienen viva esa iniciativa, ese no querer dejarlo caer en el olvido, no querer dejar que se pierda. Creo que es muy positivo que niños y niñas puedan estar en contacto con eso”.
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El joven grupo estrena ‘Alicia en el País de las Maravillas’ el 20 de junio
La intérprete defiende la importancia de crear espacios teatrales para la infancia, no solo como pilar básico de la educación artístico-cultural, sino como una herramienta pedagógica de desarrollo personal, aprendizaje emocional y desarrollo de habilidades sociales: “El teatro siempre ha sido una herramienta social y de crítica a la sociedad muy importante y muy valiosa. Pero aparte de ser herramienta artística, tiene un valor en el trabajo con uno mismo”, afirma.
Lo confirman sus aprendices: para Alejandro, la escena es una escuela para domar la concentración; para Elena, el descubrimiento y superación del miedo escénico (“En la primera actuación estaba super nerviosa, y hasta lloraba porque no quería ir, pero después de actuar me encantó. Este año ya no estoy nerviosa, ¡tengo muchas ganas!”); para Moana, una herramienta de confianza y de superar la vergüenza ante algunas situaciones cotidianas, una característica a la que se suman otras voces; para Dara, la responsabilidad de crear algo común: “Aunque estás metida en el papel y lo estás pasando bien, no es jugar. Tienes que hacer de alguien y hacerlo bien por tus compañeros”, apunta.
Tienen entre ocho y 12 años, pero ya están convencidas, convencidos, de que el teatro es especial (“Muy especial”, enfatizan). Lo es, cuenta Moana, porque permite “transmitir las propias emociones a través del personaje” (“Tienes que entenderlo, sentir lo que siente”, aclara). Lo es, cuenta Ainhoa, porque ofrece la oportunidad de conectar con otras vidas: “Porque puedes hacer de una persona que tú no eres de verdad. Y así, de alguna manera, crees en ese momento que eres la persona. La entiendes”. Para Bruno, la diversión es “poder ser cualquier personaje” y dice entusiasmarle “pasar del boceto a la acción”.
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“Es fundamental ofrecer un espacio estable para que los niños puedan ensayar, aprender teatro y actuar”
Coinciden todos y todas en que memorizar el texto y respetar los tiempos en la actuación es complicado, especialmente por la responsabilidad que supone con los demás: “El memorizar bien el texto, pero también el estar muy atenta al trabajo de los compañeros, porque si en los ensayos se hace de una manera y en escenario de otra, te desconcierta. También con el orden de los textos, si alguien dice una frase que no tocaba, o se salta alguna. Es, creo, de lo más difícil”, explica Helena, que trae a luz uno de los elementos educativos más importantes, para Yanira, de la práctica teatral: el trabajo en equipo. “Uno de los grandes aprendizajes del teatro es este respeto: entender, por ejemplo, que el foco está en un compañero y mi papel es dejarle su protagonismo, o que tenemos que hacer equipo para resolver todas las situaciones de una función”, apunta y señala que esta es una escuela muy valiosa para el trabajo colaborativo. “Es fundamental algo tan sencillo como esto: ofrecer un espacio estable en el que niños y niñas puedan ensayar, aprender teatro y actuar”.
El grupo ultima los preparativos para el estreno de la segunda obra que llevarán al escenario en su corta trayectoria, una adaptación de Alicia en el país de las maravillas. La puesta de largo será el 20 de junio en el auditorio de Raíz del Pueblo. Sin embargo, lejos de los nervios que les acompañaban en la primera representación (Los músicos de La Oliva, en diciembre de 2025) en este caso dicen estar deseando la llegada del estreno y recuerdan cada metedura de pata de aquella ópera prima como una broma interna, una risa común que atesorar más allá del escenario y la alegría se les enciende, como una mecha, pensando en pasearse entre bambalinas con sus vestuarios de conejo, liebre, rey, gato, reina, lirón, sombrerero. Es el placer de jugar.





















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