“La IA tiene poco de artificial: consume muchos recursos naturales y humanos”
Eurídice Cabañes, filósofa
Eurídice Cabañes es experta en filosofía de la tecnología y en el desarrollo de videojuegos aplicados a la pedagogía.
-Afrontamos la tecnología como una especie de teología. Tenemos una fe ciega en lo que puede hacer por nosotros y en que nos va a solucionar cualquier problema. ¿Esto siempre ha sido así?
-Es difícil de saber, pero yo siento que antes estábamos más cerca del cuerpo, del territorio, del lenguaje, y que ahí no había un ansia de novedad y evolución tan fuerte, que más bien viene de principios muy capitalistas de la renovación constante que exigen un ciclo de producción y consumo cada vez más rápido y que está vinculado también a estas dinámicas bien tóxicas de la obsolescencia programada. La necesidad de cambio, de novedad y de tecnosolucionismo viene impuesta por un modelo económico y social.
-¿Tiene algo que ver el hecho de que la tecnología cada vez es más difícil de entender y le damos, por esa razón, unos poderes mágicos?
-Sí, y también es algo generado. Los móviles antes se podían abrir y desmontar. Ahora todo viene perfectamente sellado para que nadie pueda ver cómo funciona. Da la sensación de que es magia: se nos sella el acceso a su funcionamiento, se nos sella el acceso a los algoritmos porque están protegidos por leyes de propiedad intelectual... Se convierte todo en una caja negra que no sabemos cómo funciona, pero confiamos en que nos está dando la verdad, que es la nueva fuente de conocimiento universal.
-En general, nos acercamos a la Inteligencia Artificial como si fuera a hacer milagros. No solo le pedimos todo tipo de cosas, sino que nos creemos todo lo que nos dice.
-Hay una pregunta sobre la IA que pesa desde que empezó, antes de que existiera a nivel computacional, que es si una máquina puede ser consciente o no. Es una pregunta trampa, porque si lo analizas desde una perspectiva histórica y ves por qué sujetos se ha hecho la pregunta de la conciencia, como animales, personas esclavizadas de África, indígenas a los que se les quitan sus tierras..., normalmente lo que esconde es una estructura de dominación. La pregunta surge para eliminar posibles riesgos. Al final la IA, dentro del sistema en que se inserta, es una forma de generar contenido sin conflicto. Más bien la pregunta sería ¿en quién nos convertimos nosotros cuando estamos interactuando con la IA?, ¿qué conciencia relacional emerge? Hay varias formas de relacionarse. Una es la IA como oráculo: le pregunto qué hago con mi vida y lo que me dice me lo creo. Antes buscabas y comparabas las búsquedas de los resultados de veinte páginas, ahora hay una respuesta única. Y la lucha es por el modelo que se implanta, por el modelo de verificación: ChatGPT, Grok, Gemini... Hay otra relación, que es como esclavo: hazme esto y lo otro, escríbele a mis padres, dile a mi mamá que la echo de menos, mándale un vídeo con mi cara para su cumpleaños... Delegar absolutamente todo, que también conecta con los sistemas de explotación y extractivismo de recursos naturales y humanos... porque hay personas en Kenia cobrando dos dólares al día para entrenar todos los sistemas de Inteligencia Artificial. Hay todo un nivel de explotación, y de artificial tiene más bien poco, porque consume un montón de recursos naturales y humanos.
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“Los discursos científicos del colapso los han asumido los grandes poderes”
-¿Dónde está el truco o el clic por el que pensamos que esto es inevitable? Porque todo el mundo coincide en que la IA solo está empezando... ¿Qué ha pasado para que pensamos que el futuro ya está escrito, que va por este camino y que no hay otro?
-El futuro no es lo que nos va a pasar, sino lo que vamos a hacer. Es algo que hay que enunciar constantemente porque nos han arrebatado el futuro, somos huérfanos de futuro. Marina Garcés dice que la modernidad era la apuesta por el futuro, que iba a ser increíble... Y habla de que estamos en un pensamiento póstumo, que estamos pensando en hasta cuándo. ¿Hasta cuándo voy a tener trabajo? ¿Hasta cuándo vamos a tener recursos naturales? ¿Voy a poder respirar aire?
-Es como una lucha por la supervivencia, directamente.
-Los discursos del colapso, que en principio venían de científicos alertando, los han asumido los grandes poderes. Se nos han llenado las pantallas y los libros de discursos y de historias apocalípticas donde un meteorito destruye todo, con zombies..., porque en realidad les viene muy bien para esa idea megalomaníaca de ser Batman. Elon Musk, Bezos o todos los grandes capitalistas tecnológicos están diciendo eso: me estoy cargando la Tierra, pero no os preocupéis porque vamos a ir a Marte o vamos a hacer una The Line, por ejemplo, que está en la Tierra, pero que es una propuesta que no cuenta con la gente que está en el territorio. Básicamente te están diciendo: me cargo el Planeta, pero voy a buscar una solución, que viene de la mano de tecnología y a costa de todos los demás. Hay una negación del entorno. Su sueño húmedo es que ya no tengas que tratar con humanos, que todos sean robots, pero están obviando la gente que entrena la IA, la que extrae el coltán de las minas... Todo se sustenta en miles y miles de vidas humanas para que creamos que no existe otra alternativa.
-¿Qué influencia tiene el hecho de que antes el mundo, aparentemente, era más sencillo y ahora es más complejo? Y como parece que no podemos llegar a entenderlo, dejamos que sean otros quienes nos lo expliquen.
-Necesitamos volver a enunciar lo obvio, porque nos han enredado en una mentira. Evidentemente el mundo es muy complejo, pero a la vez es simple. Lo complejo sostiene, lo simple acontece. Para que tú existas hacen falta miles de millones de vidas atrás, con muchas coincidencias, hay redes muy complejas que pueden dar lugar a tu existencia, pero al final naces, lloras, te enamoras... Las cosas que suceden son simples, pero hemos dejado que nos engañen. Cuando alguien dice que el conflicto entre Israel y Palestina es complicado... No, no. Hay complejidad en las redes geopolíticas, en las líneas de democracia, en los acuerdos, pero la premisa básica de que no se masacra la vida es muy sencilla. Tenemos que volver a recuperar lo obvio cuando lo complicado se pone como coartada, como un muro, como mentira... Hay una norma básica que debería utilizarse en toda tecnología, en toda forma política, contratación, infraestructura o toda faceta de la vida: si algo defiende la vida, o la ataca, amplía la vida en común o la extrae y la condena. Es una pregunta muy sencilla a la que deberíamos someter cualquier discurso.
“Si no puedes pagar el alquiler no te puedes preocupar de grandes cambios”
-Deberíamos cuestionar, entonces, este sistema o el concepto del progreso, que aparentemente está al servicio de la mejora en la calidad de vida de las personas.
-Ni siquiera tenemos que hacerlo porque ya lo está haciendo él solito. Estamos viendo los cambios de temperatura, la subida del nivel del mar, que el sistema nos aboca al colapso y es tiempo de tomar otras medidas. Detrás de todo este desarrollo tecnológico hay una ideología, no es casual, no es neutra, y nos siguen engañando para mantener sus ganancias. Han hecho una máquina capturadora de carbono que cuesta millones y se ha visto que genera más carbono del que captura. Ponemos en las terrazas sombrillas capturadoras de carbono. ¿Sabes también qué captura carbono y da sombra? Un árbol. Y es gratis.
-El colapso ha derivado en un debate entre colapsistas y no colapsistas. Anunciar el colapso, independientemente de que acabe siendo cierto o no, no parece que ayude a movilizar, sino que más bien paraliza, pero la otra opción puede ayudar también a no hacer nada. ¿Existe un término medio?
-La emergencia constante inhabilita a la gente, cuando estás pensando si vas a poder pagar el alquiler o no. No solo es un colapso ecológico, es un colapso de sistema social y económico. Si no sabes si vas a poder pagar el alquiler no puedes preocuparte de hacer cambios sistémicos. Si un niño se corta en un dedo, lo que haces es agarrar el niño corriendo, tratar de parar la hemorragia y llevarlo al hospital para que le den puntos. Si estás en emergencia, no vas a estar pensando dónde dejar los cuchillos, cómo has educado al niño sobre su uso y un montón de cosas sistémicas. El problema es que ahora vivimos en una emergencia constante y aunque parezca contraintuitivo, porque parece que requiere acción constante, también nos vamos quedando sordos, ciegos y completamente inmunes a todo el horror que vemos.
-Quienes van a tener que lidiar con el futuro durante más tiempo son quienes están en edad escolar. ¿Hay alguna esperanza de incluir en los planes de estudio asignaturas que aporten una visión crítica sobre la tecnología?
-La base de toda educación debería ser el pensamiento crítico. Nuestro modelo educativo, por mucho que le metas pantallas o pizarras inteligentes, sigue siendo un modelo de hace siglos. No ha cambiado nada. Un profesor delante y unos niños aquí. Hay que cambiar eso: escucha, calla, aprende, obedece, reproduce. El sistema educativo actual funciona muy bien porque está entrenando personas para que encajen perfectamente en el sistema y lo que tenemos que hacer es educar para que las personas que salgan de ahí sean capaces de cambiarlo. Para eso hay que educar en pensamiento crítico, en creatividad, en potenciar la imaginación, y para eso necesitas dar libertad porque si tu buena nota va a depender de que le digas al profe lo que el profe quiere oír, pues evidentemente no te vas a arriesgar a dar una respuesta que no sea la que oíste. Nosotros proponíamos modelos con tecnología, arte y videojuegos, con un programa que se llama Gamestar, que fue como empecé a trabajar la pedagogía con ARS Games, y que ha tenido muchos premios y estuvo instalado en cuarenta escuelas públicas de México. Es un modelo de pedagogías libres y para todas las edades, porque en la sociedad no estamos separados por edad. Niños de ocho a 18 años trabajaban en sus propios proyectos, partiendo de su contexto, compartiendo recursos, tomando decisiones sobre lo que quieren, gestionando sus emociones, que son cosas que no nos enseñan en la escuela. Y de ahí salían diseños tecnológicos. Es decir, esta es mi vida, ¿qué tecnologías necesito? Cuando haces la pregunta a la inversa, las tecnologías cambian porque ahora mismo tenemos tecnologías homogéneas. Se habla mucho de usabilidad pero es entrenamiento.
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“Nuestro modelo educativo sigue siendo el mismo desde hace siglos, no ha cambiado”
-Con la tecnología da la impresión de que mientras que hace no tanto, hasta cierta edad no eran un objetivo claro de consumo, la edad se va bajando...
-También es una cuestión muy de clase. Normalmente, los niños que usan más el móvil, desde que son muy chiquitos, son los que tienen padres trabajadores que no tienen mucho tiempo para ellos. Los de Silicon Valley hace tiempo que no les dan tecnologías a sus hijos. Algo sabrán que nosotros no sabemos, porque son los que las diseñan. Es triste porque se están dando síntomas y síndromes nuevos. Estar en Instagram con el scroll infinito dos horas te hace más daño al cerebro que una borrachera tremenda. Estamos diciendo que los niños no pueden beber porque frena su desarrollo cognitivo y las redes lo frenan mucho más. Se están dando ya casos de autismo digital, de niños que no son autistas, pero acaban desarrollando los mismos síntomas por una exposición temprana a los móviles, por no estar conectando con personas...
-Hay niños que no tienen ninguna facilidad para relacionarse con las personas, pero se les da muy bien estar en su habitación solos, y eso puede acabar siendo su modo de vida.
-Y entonces la familia piensa que es un modelo de éxito, porque todo tiene una traducción económica finalmente. Puedes ser un adicto a los videojuegos de lo peor, pero si eso mismo te convierte en un campeón de eSports y estás ingresando millones al año, de pronto ya es un éxito.
-Hablas de una posible desdigitalización. ¿Hay indicios de que se puede transitar ese camino? ¿Qué debería ocurrir?
-Hay una petición directa y absoluta. El consumo de agua de los servidores, aumentado por la inteligencia artificial, no puede seguir así. Esto hay que pararlo porque nos morimos todos, nos quedamos sin agua. Hay una urgencia. Yo veo indicios en los jóvenes que están replanteándose un poco las tecnologías actuales, sobre todo las chicas, con esta tendencia de las cyberdecks, que me parece maravillosa. Son chicas jóvenes que están hartas de saber que su ordenador es algo que no ha sido diseñado para ellas, depende de las grandes compañías y es un basurero de contenido hecho por IA y que tienes que navegar tratando de evitar toda la basura, que es complicado. Y están construyendo sus propios espacios de entrada, su propio hardware, conectado a pantallas viejas de cualquier cosa, y además se lo hacen súper cuqui, se montan ahí su teclado, su pantalla, a veces conectado, a veces no, con las funcionalidades que quieren que tengan, y haciendo que la tecnología responda a sus necesidades. Y yo ahí veo mucha esperanza.
“Dos horas en Instagram hacen más daño al cerebro que una borrachera”
-¿Esa desdigitalización también supone una mirada hacia las comunidades más tradicionales o una mirada al pasado?
-De pronto, si hablas del pasado te acusan de primitivista. Yo no soy primitivista ni neoludita. A mí me gusta la tecnología, pero creo que la pregunta por la tecnología tiene que ser siempre a qué intereses responde, y la que tenemos ahora no responde a los nuestros. Hay tecnologías que precisamente por eso han quedado atrás. Entonces, ¿por qué no volver atrás, ver lo que se declaró inservible? Porque era inservible para un sistema de producción y consumo constante, pero quizás es servible para un proceso de sostenibilidad. Con el apagón en la Península, si no fuera por la radio tradicional analógica de toda la vida, no nos habríamos enterado de qué pasaba. Durante la dana de Valencia, la única forma de llegar a algunos lugares afectados con alimentos, era la bicicleta. ¿Por qué no pensamos en qué tecnologías hemos dejado atrás y las recuperamos? Hay muchos conocimientos que hemos aniquilado y ahora cuando los descubrimos y no sabemos bien cómo funcionaba pensamos que lo hicieron los aliens, porque creemos que no puede ser que los de atrás estuvieran más avanzados que nosotros en algo... Ya había computadoras prehispánicas. Los quipus incas eran una forma de computación mucho antes de que Turing definiera conceptualmente el ordenador. La pregunta no es por qué no acabamos con todo y nos volvemos a vivir a las cavernas. La pregunta es por qué no vemos cuántas líneas de futuros posibles se han aniquilado y tomamos alguna otra para ver si el futuro al que nos lleva es mejor.
















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