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“La jornada laboral se irá reduciendo en los próximos años”

Unai Sordo, secretario general de CCOO

Saúl García 0 COMENTARIOS 16/06/2026 - 07:07

Participó en un encuentro en Las Palmas de Gran Canaria, junto a la secretaria de CC.OO en el Archipiélago, Vanesa Frahija, que reunió a 1.200 delegados sindicales. Atiende a Diario de Lanzarote por teléfono desde la capital grancanaria

-La reducción de jornada está en uno de los primeros puestos en la agenda de las reivindicaciones sindicales. Independientemente de que se consiga ahora o no, ¿considera que es una cuestión que va a ser inevitable?

-Estoy convencido de que sí, que el discurrir de los tiempos va a hacer que la jornada laboral se vaya reduciendo paulatinamente. De hecho, la jornada laboral efectiva que hay en España es de 38,2 horas, no es de 40, y desde hace mucho tiempo. Esta es la dinámica y la inercia del futuro. Nosotros lo vamos a pelear a través de la negociación colectiva y de los convenios colectivos, pero sería muy importante acompañarla de una reducción de jornada por ley, para los sectores más debilitados y que tienen jornadas más largas. Pero, en efecto, este es un debate de época. Inexorablemente, la jornada laboral se irá reduciendo en los próximos años.

-La cuestión está en encontrar cómo repartir el trabajo sin perder derechos salariales y ganando calidad de vida...

-Claro. Hablamos de una reducción de jornada que mantenga los salarios e incremente el salario hora, porque también se puede reducir la jornada por la vía de que la gente trabaje menos horas pero cobre menos. El planteamiento es que ante la evolución tecnológica, ante la digitalización de muchos puestos de trabajo, ese tiempo que se libera, porque las empresas pueden producir más en menos tiempo, se apropien de él los trabajadores y no los beneficios de las empresas. Y esa es la pelea de fondo. Por eso creo que es una pelea ganadora en el medio y largo plazo, pero de lo que se trata es de que afecte a todos los sectores. Los más sindicalizados ya tienen jornadas más reducidas, pero hay otros en que las jornadas laborales siguen siendo muy largas. Además hay otro debate paralelo, que es el de la organización del tipo de trabajo. El problema no es sólo si se trabajan 40, 39 o 38 horas, sino cómo se distribuye ese tiempo. Si se negocia entre empresa y trabajadores o es una imposición de la empresa, o las jornadas atípicas, en la que Canarias es la comunidad autónoma donde más gente trabaja los fines de semana, y esto dificulta mucho la conciliación de la vida laboral y personal. El tiempo de trabajo es un debate más amplio que la jornada.

“Muchos empresarios piensan que la empresa es un cortijo”

-Para recorrer ese camino, además de una lucha sindical, hará falta quizá un cambio de mentalidad y superar ciertas cuestiones del pasado que están muy instaladas en la sociedad...

-Por un lado, el presentismo. Durante mucho tiempo se ha entendido que la mejor forma de mostrar vínculo al trabajo y la empresa era que la gente estuviera muchas horas, aunque muchas de esas horas no fueran productivas. Por otro lado, la gestión autoritaria de la empresa, y por tanto, de un tiempo de trabajo. Hay muchos empresarios en este país que piensan que la empresa es un cortijo y que, por tanto, las condiciones de trabajo no se negocian, sino que se imponen. La negociación sobre el tiempo y la distribución de trabajo me parece una cuestión fundamental, porque muchos de los problemas que tiene la clase trabajadora para conciliar su tiempo personal y su tiempo de trabajo, tiene que ver con esas jornadas intermitentes y otras cuestiones. Por ejemplo, las trabajadoras a tiempo parcial en la ayuda domiciliaria. Si tienes una jornada a tiempo parcial, de media jornada, pero te tienes que desplazar durante esas cuatro horas a cinco casas y ese tiempo de desplazamiento no se computa como tiempo de trabajo, aunque estés a media jornada en la práctica, seguramente estás trabajando casi la jornada completa. Ese es un debate muy importante.

-En Canarias se ha creado un modelo en el que casi todo depende del turismo y durante décadas se ha justificado cualquier proyecto con el argumento de la generación de empleo. Con este modelo, resulta que uno de cada cinco trabajadores vive por debajo del umbral de pobreza y Canarias sigue siendo una de las comunidades más pobres... Hay algo que falla.

-Evidentemente. Las economías tienen que tratar de diversificarse. Es verdad que el turismo es una fuente de riqueza para Canarias, pero tener una economía que dependa de forma muy mayoritaria o prioritaria del turismo, tiene serios inconvenientes de masificación, que son sectores en los que imperan bajos salarios, aunque esto no hay que darlo por hecho, sino que hay disputar esos salarios, con efectos en los precios de la vivienda, que conviene atacar de muchas formas... Una es tratando de diversificar la actividad económica y no dando por sentado que por depender del turismo o de la hostelería, eso significa que sea igual a bajos salarios. Hay que distribuir la riqueza. Las empresas ganan más que nunca, la economía canaria ha crecido más que la media española desde el año 2000 hasta aquí, los datos de empleo en términos estadísticos son los mejores... Nunca ha habido más gente trabajando que ahora pero esa riqueza que se crea no se distribuye siempre de una forma equitativa, y esa es la gran pelea sindical.

“Nunca ha habido más gente trabajando pero la riqueza no se distribuye”

-Tampoco parece que se distribuya de igual manera la carga de trabajo, o que las buenas cifras del turismo sean positivas para todos, porque en la mayoría de las ocasiones el aumento de turistas se asume con la misma plantilla y la carga recae en los trabajadores.

-Muchas veces se intensifican los ritmos de trabajo, hay más carga y compañeros y compañeras que en los sectores turísticos enferman precisamente por esas cargas de trabajo. Por ejemplo, las camareras de piso, que a veces tienen que hacer veintitantas habitaciones en un día y que esto no se compensa con un salario suficiente. Pero sobre todo tiene unas consecuencias enormes en materia de salud laboral, porque son habituales las enfermedades musculo esqueléticas. Muchas de estas mujeres trabajan medicadas y esto es porque hay sobrecargas de trabajo. La forma de distribuir esa riqueza que se genera a veces es a través de la mejora de los salarios, a veces a través de la reducción de jornada, pero también tiene que ser a través de contratar más gente para que las cargas de trabajo sean asumibles.

-Hay algunas cuestiones que no son específicamente de materia laboral pero que afectan de manera decisiva a los trabajadores, como la vivienda o el transporte, entre otras. ¿Qué pueden hacer los sindicatos para intentar mejorar estas condiciones?

-Nosotros sí nos sentimos apelados por esas problemáticas porque somos un sindicato sociopolítico. Y precisamente lo somos por esto, porque la condición de vida de un trabajador, de una trabajadora, no se da solo por el salario y por la jornada que tiene o por los permisos que tiene, sino por cómo puede acceder a un precio de la vivienda asequible o cómo se puede transportar. Por tanto, los servicios públicos son determinantes. En este momento el precio de la vivienda es el elemento que más está fragmentando la sociedad española. Viendo los datos de evolución de los precios de la vivienda en Canarias, es espectacular el disparate del incremento tanto en los alquileres como en la compra venta. Además de todos los problemas que existen en el conjunto de España, aquí hay algunos adicionales, como la insularidad y la presión que el turismo somete a las poblaciones con el uso de las viviendas también como viviendas turísticas, que inflacionan los precios, expulsan a la gente de sus territorios, la manda fuera de las ciudades, de los pueblos. Luego tienen los problemas de colapso, por ejemplo, que tienen las carreteras para llegar a sus puestos de trabajo, lo cual completa un círculo vicioso que hay que romper. Y desde luego, o se interviene en serio el mercado de la vivienda o España tendrá el mayor problema social y económico.

“O se interviene el mercado de la vivienda o habrá un gran problema social”

-¿Qué papel deben jugar los sindicatos ante el auge de la ultraderecha, que les dirige ataques constantes y son uno de sus enemigos confesos? El horizonte, aparentemente, no es bueno.

-El horizonte está por despejar. La ultraderecha trata de poner encima de la mesa de las mayorías sociales, espacios de seguridad, reaccionarios. Ante las incertidumbres de época que hay, la gente se siente insegura, no ve claro el futuro, porque el mundo ha cambiado muy rápido en unos pocos años. Y ante esa sensación de incertidumbre, hay movimientos políticos de extrema derecha que plantean volver a las viejas jerarquías, que quede claro quién manda, quién obedece, cuál es el rol del hombre y la mujer, que quede claro que en una nación somos todos iguales, del mismo color, de la misma piel... Y ante esto hay que ofertar alternativas en clave progresista, pero alternativas de seguridad y para poder vivir mejor. Ante las incertidumbres, dar otras respuestas. Y las respuestas tienen que pasar por empleos, buenos salarios, servicios públicos, acceso a la vivienda... Hay que dar esa batalla, de derechos de ciudadanía. Aunque estemos en el siglo XXI y parezcan muy modernos en TikTok, lo que plantean son las viejas ideas reaccionarias de siempre. O construimos un contrato social que dé garantías de poder llevar una vida digna a las mayorías sociales desde esa visión progresista..., creo que esa es la gran pugna de época. Y como los sindicatos somos un agente clave en esa construcción y cuestionamos las jerarquías, porque decimos que la gente que se organiza en el centro de trabajo tiene que negociar las condiciones de vida y de trabajo precisamente con el que manda en la empresa, y esa es la jerarquía más vieja que hay en el capitalismo, por eso estamos en el objetivo y en el punto de mira de las extremas derechas. Como, por otro lado, ha pasado en toda la historia, solo que ahora nos insultan y nos quitan derechos de participación y antes nos mataban. Esa es la diferencia.

-Lo que pasa es que parece que la batalla cultural se impone a la batalla económica, a las condiciones materiales de vida. Este Gobierno se ha caracterizado por decisiones, como el aumento del salario mínimo y otras condiciones laborales y no parece que se rentabilicen electoralmente...

-Ese es un debate interesante pero es bastante complejo. ¿Por qué pasa eso? ¿Por qué en un momento en el que más se ha incidido en la estabilidad en la contratación, en la mejora del salario mínimo interprofesional, en salvar al país con dinero público? Porque si no llega a ser por los ERTE, España y Canarias se habrían hundido después de la pandemia... ¿Por qué, después de todo eso, irrumpen estas nuevas formas de populismo de extrema derecha? ¿Y por qué esto pasa además a lo largo y ancho del mundo? Si sólo fuera España podría tener una explicación simple, pero es que pasa en todo el mundo. Creo que tiene que ver con que, más allá de que las condiciones materiales de vida en un momento concreto se puedan incluso mejorar, que hay más gente que nunca trabajando en España, eso es compatible con esos miedos de época. Y a veces los avances provocan reacciones. Y yo creo que el gran elemento que hoy en día cataliza a estas nuevas extremas derechas, por ejemplo, es el pavor que tienen muchos hombres, y muchos hombres jóvenes, ante los derechos de igualdad conquistados por las mujeres. No la ley, sino la realidad social. Y esto provoca reacciones, que han ocurrido también a lo largo de toda la historia. Y hay que pelearlas y hay que combatirlas. Hay quien quiere volver al viejo mundo de los hombres sobre las mujeres y entonces demonizan el feminismo, igual que demonizan el sindicalismo, porque también es una propuesta igualitaria y cuestiona esas viejas jerarquías. Por eso, en trazo grueso, creo que es compatible incluso la buena situación de la economía española o del empleo en España con este riesgo reaccionario que no se da solo en nuestro país, sino también en otros. Aunque yo soy de los que piensa que estos reaccionarios están condenados a perder la batalla.

“Estos reaccionarios están condenados a perder la batalla”

-Los niveles de afiliación sindical en España, comparados con otros países, son bastante bajos, y es una situación que no cambia. ¿A qué se debe? ¿Hay alguna esperanza de que esto cambie?

-Los niveles de afiliación en España tienen que ver con el modelo sindical y de relaciones laborales que hay, porque a veces se compara el nivel de afiliación de España, por ejemplo, con el de Italia, donde los sindicatos son los encargados de gestionar el acceso de la gente a las pensiones o con el de Bélgica, donde los sindicatos, junto con el Estado, son los encargados de gestionar el acceso a la prestación de desempleo, o con países donde el convenio colectivo se aplica a las personas que están afiliadas a los sindicatos de las empresas donde se ha hecho el convenio colectivo. En España tenemos un modelo diametralmente distinto donde el convenio colectivo, la reforma de pensiones o las medidas que un sindicato pacta en una empresa o en un sector son de aplicación general, con lo cual tenemos un no incentivo a la afiliación. El convenio colectivo se aplica igual al afiliado y al no afiliado. Dicho esto, Comisiones Obreras tiene más de un millón de personas afiliadas. Podrá parecer poco o mucho, pero nadie en este país tiene ni remotamente un millón y pico de personas afiliadas. Si sumáramos los afiliados que tienen todos los partidos políticos y lo multiplicamos por tres, no llega a un millón y pico de afiliados. Y cuando hablo de afiliados digo personas que pagan una cuota, que son los que sostienen con sus ingresos el sindicato en más de un 80 por ciento. Luego, el sindicalismo español además tiene su representatividad y legitimidad a través de las elecciones sindicales. El sindicato interviene en las empresas a través de delegados, delegadas de personal, comités de empresa o juntas de personal y ahí la penetración que el sindicalismo español tiene en las empresas no la tienen muchos sindicatos en Europa. No hay muchos sindicatos que tengan 116.000 delegados y delegadas elegidos en la empresa, como tiene el sindicato mayoritario de España que es Comisiones Obreras. Hablamos de modelos tan distintos que comparar los niveles de afiliación es comparar magnitudes distintas.

-Para terminar, acaba de publicar su primera novela, ‘Al Norte’. ¿Esto nace de una necesidad personal de abordar la realidad desde la ficción o es una forma, precisamente de acercar a la gente la realidad que conoce, pero de otra manera?

-Más que de una necesidad, nace de una afición. No es que tuviera tanta necesidad, pero sí una afición a escribir. Tenía una serie de relatos que finalmente pude construir con ellos una novela. Pero una vez que te pones también está un poco esa otra finalidad, porque refleja problemáticas laborales ficcionadas. No son personajes reales, no son historias estrictamente reales, pero sí están basadas en la realidad. Y sí, es una manera más de difundir la problemática laboral, el impacto de la inteligencia artificial, la precariedad laboral y muchas de las situaciones que hablamos con informes, con datos, con reflexiones más sindicales, más políticas, desde la ficción..., pero realmente nace simplemente de una afición.

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