Vivir la guerra a 6.989 kilómetros de distancia
Queen Mary y Paul, de origen libanés y residentes en Fuerteventura, relatan el sufrimiento que padecen sus familias desde que Israel atacó el país a principios de marzo
Lo primero que hace Queen Mary al levantarse es coger el móvil y meterse en un canal de WhatsApp para ver las noticias. Vuelve al teléfono cada vez que tiene un hueco a lo largo del día y por la noche, ya en la cama, consulta la última hora informativa. Llama a su abuela y a su tía con frecuencia y por redes sociales mantiene contacto con la legión de primos que tiene repartidos por Beirut. Repite las mismas rutinas desde que estalló el conflicto en Oriente Medio. Desde entonces, los muertos han empezado a contabilizarse a diario en el Líbano con más 1.700 bajas y un millón de desplazados.
A mediados de los noventa, la madre de Queen Mary se fue del Líbano, porque veía que en la zona jamás iba a haber paz, y se vino a Canarias. Treinta años después, la tranquilidad sigue sin llegar a un país acostumbrado a vivir pocos momentos de tregua desde que el Líbano consiguió la independencia de Francia en 1943.
Israel comenzó una nueva ofensiva aérea contra el Líbano el pasado 2 de marzo después de que la milicia chií de Hizbulá lanzara un ataque contra el norte del país como respuesta al asesinato del entonces líder supremo iraní Ali Jameneí. A finales de noviembre de 2024, Israel había firmado un alto el fuego con Líbano. La fuerza de paz de Naciones Unidas en el Líbano, la FINUL, documentó en un año más de 10.000 violaciones israelíes del alto el fuego.
Horas después, Beirut comenzó a vivir el ritual que envuelve a toda guerra: familias que huyen en busca de un lugar seguro; ventanas que se quedan sin cristales; edificios que se tambalean con el ruido de las bombas y llamadas desesperadas desde la diáspora esperando a que alguien descuelgue el teléfono al otro lado.
La ansiedad se ha metido en el cuerpo de Queen Mary desde que comenzó el conflicto. Vive la guerra con angustia y a 6.989 kilómetros de distancia, en Fuerteventura. Sus padres nacieron en el Líbano, pero desde hace más de tres décadas residen en Gran Canaria. Ella se mudó hace cuatro años a la isla majorera, donde trabaja como enfermera en el hospital. Cada verano viaja a Beirut a ver a su familia: abuela, tíos, primos... todos viven allá.
El último viaje fue el año pasado. Se tropezó con un Líbano que intentaba salir adelante después de que en septiembre de 2024 Israel lanzara una ofensiva contra Hizbulá en el sur del Líbano. “Me encontré con un país sumido en una crisis económica, con edificios derruidos y con gente muy cansada y estresada”, recuerda.
“Trump reparte destrucción y actúa de títere de Netanyahu”, asegura Mary
Queen Mary habla con asiduidad con su familia. Una de sus primas le cuenta que no soporta más el guineo sonoro de los drones volando sobre su edificio. “Muchos musulmanes chiíes se están viendo obligados a salir del sur del país o de los suburbios de Beirut y rentar casas en zonas cristianas de Beirut. Algunos de los que las alquilan pueden llegar a ser de Hizbulá. Es ahí cuando va Israel y los bombardea. Hay comunidades cristianas que también se están viendo afectadas. Algunas están cerca de donde vive mi prima. Ella sabe que, en cualquier momento, pueden bombardear su propio edificio”.
Los aviones de guerra sobrevuelan Beirut para crear terror entre los residentes. Su abuela y su tía los escuchan, pero están acostumbradas a la guerra desde que tienen uso de razón. “Mi abuela le quita hierro al asunto y me dice que, en algún momento, se acabará para intentar tranquilizarme”. La mujer nació en 1940. Vivió la guerra civil del Líbano entre 1975 y 1990 y las entradas de Tel Aviv en su país vecino en 1978, 1982, 2006 y 2024.
“Mis primos no están acostumbrados a la guerra y son los que están más asustados”, asegura esta joven que cada día se levanta con ganas de coger un avión y plantarse en el Líbano. “Así, por lo menos, estaré con mi familia y no todo el día enganchada a las noticias, viendo lo que está pasando desde la distancia y sin poder hacer nada. Tratando con la culpabilidad de tener una seguridad que ellos no tienen”, manifiesta. “No me parece justo que mis primos, de 19 y 20 años, no tengan la normalidad que yo tenía a su edad. Están asistiendo a clases online en la universidad por los bombardeos”, cuenta.
Israel, tras bombardear el sur del país y algunas zonas de la capital, Beirut, ha anunciado ya la ocupación del sur del Líbano hasta el río Litani, lo que representa casi una décima parte del territorio. El objetivo es, según defienden, crear una “área de seguridad” para desterrar a Hizbulá de la zona.
Ellos aseguran querer crear un área amarilla inhabitable como espacio de seguridad, pero, insiste la joven, “eso es mentira. Lo que quieren es anexionarse esa zona para tener más territorio”, dentro de su política de ocupación y de ampliación del estado hebreo.
Lo que ha pasado en Gaza, insiste, “ha sido el laboratorio perfecto para ver hasta dónde puede llegar Israel sin tener consecuencias sobre sus actos. Han bombardeado hospitales, ambulancias, sanitarios, niños y periodistas en Gaza y ahora están haciendo lo mismo sobre el Líbano”.
Lo que más le preocupa a la joven es el Líbano que va a aquedar cuando paren los misiles y se ponga fin a la guerra. “Israel lo que está haciendo es crear el nido perfecto para una guerra civil”, señala. Está “obligando” al gobierno libanés a desarmar a Hizbulá, una milicia que se creó en 1982 tras la invasión de Israel en 1978.
Efectos económicos
Mientras Israel arrasa Irán y Líbano, gran parte de Europa vive más preocupada por los efectos que la guerra tendrá en nuestros bolsillos que por el sufrimiento de la población. “Los medios de comunicación han normalizado el sufrimiento de Oriente Medio y África. Está muy normalizado ver cómo muere gente y se bombardean niños”, lamenta.
En un mes, los muertos superan los 1.700 y un millón de desplazados
Desde Occidente, insiste, “quieren salvar a las mujeres de Oriente Medio, pero desconocen nuestra realidad. No han pisado nuestros países. Quienes nos oprimen son los países occidentales que nos bombardean. Ellos son nuestros opresores”.
También preocupa a la Unión Europea que el conflicto desate una crisis de refugiados como ocurrió en Siria en 2015 cuando llegaron a las fronteras europeas más de un millón de personas huyendo de la guerra. “No queremos migración islámica en Europa, pero bombardeamos sus países hasta el punto de verse obligados a venir a Europa”, denuncia esta enfermera.
Como personal sanitario, Queen Mary sufre aún más con las noticias de heridos y muertos que llegan desde el Líbano. “Lo vivo con frustración y extremo dolor. En Gaza me dolía como ser humano, pero ahora reconozco un nuevo nivel de dolor viendo como bombardean sitios que yo he pisado”, asegura mientras se pregunta cómo es posible que haya alguien que defienda la política de Estados Unidos y se defina a Trump como repartidor de la democracia, “cuando lo que hace es repartir destrucción y actuar como títere del presidente Netanyahu”.
![]()
Paul Archondis.
Una guerra eterna
A Paul Archondis le gusta pensar en un Líbano donde conviven 18 comunidades religiosas; en el Líbano de las letras de Gibran Khalil Gibran y Amin Maalouf y las canciones de Fairuz, pero no puede borrar de la cabeza que también existe un Líbano sobre el que sobrevuela el fantasma de la guerra desde hace cincuenta años.
“La guerra empezó cuando tenía 15 años. Viví toda mi adolescencia y juventud en guerra hasta que en 1988 me fui a París a estudiar. Tres años después volví. Había paz, pero con Israel detrás. Hemos estado siempre con guerras”, lamenta este arquitecto de profesión que desde 2022 reside en Fuerteventura.
“He vivido toda mi adolescencia y juventud en guerra”, cuenta Paul
Sabe de sobra que en las guerras no hay luz, pero sí colas para conseguir un pan o un par de litros de gasolina para echar a andar el motor del coche. “Tuve que llegar a hacer un proyecto de arquitectura con una vela”, recuerda.
Nació en Beirut en 1960. Con 15 años vivió la guerra civil libanesa. “La de 1975 fue horrible. Fue muy violenta. Una vez explotó una bomba en un cine a diez metros de mí”, recuerda.
En 2006 se cansó de la guerra y se fue junto a su mujer y su hijo a Italia buscando seguridad. Ese año Israel y Hizbulá iniciaron una nueva ofensiva que acabó con 1.300 libaneses y 165 israelíes muertos tras 33 días de ataques.
La última vez que estuvo en el Líbano fue en las Navidades de 2019. Ahora no sabe cuándo podrá volver. Allí está su madre, cercana a los 90 años, sus hermanos, tíos y primos.
Paul sigue con preocupación y tristeza las noticias que le llegan por teléfono. “Mi hermana y mi madre se despiertan muchas veces a las tres o cuatro de la mañana por el ruido de los bombardeos. Al día siguiente, mi hermana tiene que ir al hospital donde trabaja sin dormir”, cuenta. Las llama todos los días. “Conozco muy bien la tristeza que están viviendo. Vivir siempre sintiendo bombardeos y sin poder salir de casa porque hay peligro”, asegura.
“No se puede continuar así”, insiste. El conflicto, asegura, traerá muchas consecuencias para el Líbano. “Ahora mismo, están bombardeando en el sur con misiles de fósforo para que no pueda haber agricultura en la zona. También han robado muchos olivos, algunos de ellos centenarios”, denuncia.
Paul no se imagina un Líbano sin un centímetro menos de los 10.452 kilómetros cuadrados que ocupa el país. “No puedo tolerar que estén robando mi tierra. No estoy con Hizbulá, pero jamás con Israel porque para mí no existe ese país. Está matando a mis ciudadanos y tomando superficie de mi Líbano. El Líbano es un pedazo de mi corazón y de mi alma”, dice angustiado.
Paul no duda en cuestionar el papel de Europa en el conflicto y arremete contra Estados Unidos. “Su política no la puedo aceptar. Junto a Israel han hecho una nueva mafia mundial”.
Estos días ha simpatizado con el “No a la guerra” de Pedro Sánchez. “Lo que ha hecho España y su presidente es lo correcto: ese no a la guerra; no apoyar a los Estados Unidos y también la postura con Gaza. Israel no tiene derecho a bombardear Gaza”, manifiesta.
“No estoy con Hizbulá, pero jamás con Israel porque para mí no existe ese país”
Lamenta la falta de empatía del ser humano frente a los conflictos que están sacudiendo el mundo en estos momentos. “Estamos escuchando y viendo cosas horribles, pero estamos perdiendo nuestra humanidad. Conozco a muchas personas en la Isla, pero solo cuatro han sido las que me han preguntado cómo está mi familia en el Líbano. No me molesta, pero si yo oigo que en Lajares hay un bombardeo miro a ver a quién conozco allí y llamo o mando un mensaje”.
Paul, que durante años fue profesor de Arquitectura en la Universidad de Beirut, tiene claro que la solución al conflicto no llegará hasta que se alcance la comunicación. “Si no la hay, se decide hacer la guerra”, insiste. “Tengo en mi alma cimientos de paz y no violencia”, añade.
“El Líbano está siempre viviendo con la guerra. El pueblo libanés cuando se encuentre con Dios lo mandará al paraíso porque el infierno ya lo ha vivido en el Líbano”, concluye.

















Añadir nuevo comentario