El investigador Alejandro Bolaños saca a la luz los capítulos dedicados a Fuerteventura y Lanzarote de ‘Las Canarias ilustradas y Puente isleño americano’

Un manuscrito del siglo XVIII sitúa manantiales de agua dulce en Lobos
El investigador Alejandro Bolaños saca a la luz los capítulos dedicados a Fuerteventura y Lanzarote de ‘Las Canarias ilustradas y Puente isleño americano’
“A la quinta [islilla o peña aislada] le han dado el nombre de los lobos marinos que en ella se recogían, por ser bestias que duermen en la tierra o en playas desiertas para no ser presas. Esta, que es la mayor de las cinco, tiene algunos manantiales de agua dulce y, por eso, llevan a ellas embarcados algunos ganados de ovejas y cabras, para que selváticamente se apacienten, de los que robándoles muchos de ellos de las naves que por allí pasan y con la excusa de tomar agua se las llevan”.
El texto habla sobre Isla de Lobos. Es apenas un breve apunte dentro de un manuscrito olvidado en Roma y, al mismo tiempo, una aportación que podría dar la clave a varias incógnitas de nuestra historia. Se trata de un fragmento del primer tomo de Las Canarias ilustradas y Puente isleño americano, el manuscrito de 1770 que hoy edita y saca a la luz el investigador Alejandro Bolaños, de la Universidad de La Laguna.
La obra, del clérigo tinerfeño Dámaso de Quesada y Chaves, se conserva en la Biblioteca de la Iglesia Nacional Española de Santiago y Monserrat en Roma; allí, el también profesor de Filología Clásica de la ULL acudió hace cuatro años, cuenta, acompañando al catedrático Manuel de Paz. La investigación de este último, que exigía consultar el manuscrito de Dámaso de Quesada y Chaves, lo puso en pista.
“De cierto modo sentí la responsabilidad de hacerlo. Era un manuscrito sin editar y yo estaba allí, en el archivo en Roma. Las normas son muy estrictas y solo me permitían sacar una serie de fotogramas al día, por lo que abarqué lo que pude, que son los capítulos de ese primer tomo que edito ahora”, apunta el investigador.
Este primer tomo, registrado como ms323, recoge detalles de la conquista de Lanzarote y Fuerteventura, así como algunas referencias geográficas, culturales y de la administración eclesiástica; lomo contra lomo en el archivo le acompaña el aún inédito ms324, también de Quesada y Chaves y también parte de Las Canarias ilustradas y Puente isleño americano, centrado de manera específica en el territorio occidental del Archipiélago.
A ellos se sumó durante siglos en el mismo estante otro tomo de la misma obra: el conocido como Compendio, señala el investigador, que fue editado, analizado y publicado en 2007 por Paz Fernández Palomeque, Carmen Gómez-Pablos Calvo y Rafael Padrón Fernández en el Instituto de Estudios Canarios. En este manuscrito, que hoy forma parte de los fondos de la Biblioteca Nacional de España, se aborda el contenido conjunto de los otros dos trabajos de manera generalista.
El texto podría poner luz a una de las incógnitas del taller romano de púrpura
Los capítulos que hoy publica Alejandro Bolaños, dentro de la colección del Servicio de Publicaciones de la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural e Innovación del Cabildo de Fuerteventura, son, por tanto, indica el autor, apenas una selección relacionada directamente a la islas orientales y sus islotes y roques. El hecho de que recoja en sus páginas el testimonio de agua en Isla de Lobos se convierte, por el momento, en un punto de principal interés de esta obra, porque podría dar respuesta a la importante incógnita que las sucesivas investigaciones en torno al taller romano de púrpura de Lobos han mantenido: cómo se abastecía de agua una industria tintorera en un territorio árido, estéril y aislado.
Y si bien el investigador matiza que se trata de un testimonio concreto y siempre basado en otras fuentes historiográficas a las que remite el autor, Bolaños defiende la importancia de la edición de textos de esta naturaleza para contar con tantos elementos como sea posible para comprender y reconstruir desde todas las dimensiones el relato histórico del Archipiélago: “Creo que la edición de este tipo de obra es un aporte muy valioso a la historia de Canarias, y a la literatura, y a recuperar nuestra historia. Más allá de, por supuesto, interpretar los textos, extraer posibles influencias, como labor filológica”, señala y asegura que al catedrático Manuel de Paz, historiador, debe el haber aprendido a valorar la importancia del manuscrito y su publicación como responsabilidad humanística.
El cronista
A Dámaso de Quesada y Chaves lo describen como una dicotomía entre dos extremos. Por un lado, dicen, destaca de forma sorprendente su total lucidez en la revisión historiográfica; por otro lado, y en contrapartida, decepciona con errores e inexactitudes en el relato histórico y con una excentricidad en las formas poco frecuente en la época.
Esta es la visión que de él sugiere Alejandro Bolaños, una imagen a siglos vista en la que también coincide el equipo investigador de la edición del Compendio de 2007: “Es más un cronista que un historiador”, matiza en esta línea Bolaños, que explica que a pesar de dedicarse al hecho histórico en sus manuscritos, el clérigo tinerfeño lo hace a modo de crónica, reconstruyendo la historia de Canarias a partir de múltiples fuentes.
“La edición de este tipo de obra es un aporte valioso a la historia”
“Diría que es bastante particular y, de hecho, no lo podemos considerar un historiador. Es más bien un cronista porque lo que hace es referir hechos, pero no entra a valorar, ni a sacar conclusiones de esos datos que reúne. Es, además, muy peculiar en su forma de escribir: muy crítico con autores anteriores”, señala el editor, que explica haberle sorprendido, en este sentido, su falta de pudor al interpelar a grandes nombres del estudio histórico como Núñez de la Peña, a quien corrige (correctamente) en la fecha de conquista de Lanzarote. “Y no los corrige con cariño, sino metiéndose con ellos”, incide divertido y explica que ésta no era en absoluto una práctica habitual en el momento.
Sin embargo, el investigador enfatiza en esa contradicción entre el rigor histórico en algunas correcciones y en algunas de las materias de investigación de su interés (“¡Llega a hacer, porque sí, una genealogía completa de San Marcial de Rubicón!”), con importantes erratas que desvirtúan la credibilidad de De Quesada y Chaves. Por eso, en esta edición decidió incluir de forma preliminar un estudio de fuentes, que ahonda en los relatos de los que el investigador considera que bebió el autor para la construcción de sus peculiares crónicas.
“Llegué a la conclusión de que sus principales fuentes son tres: Juan Núñez de la Peña, al que cita directamente veintinueve veces; luego tendríamos a Cayo Plinio Segundo, por la cuestión geográfica y de las islas, lo cita veinticinco veces; y Ptolomeo, que lo cita quince, con un interés geográfico también. Con lo cual, la fuente primaria de historia de Canarias es Núñez de la Peña”, señala. En su estudio, además de analizar las fuentes principales, el investigador detecta un total de 56 fuentes citadas y expone de forma detallada las 51 referencias bibliográficas del texto.
Tras esta investigación de fuentes surgieron, añade, nuevas incógnitas que dejaron sobrevolando alguna hipótesis sobre autores no citados: “Considero que existen algunas pistas que podrían sugerir que habría tomado información de la historia de Canarias [de Viera y Clavijo], publicada entre 1772 y 1773. ¿Por qué? Por ejemplo en el capítulo III se refiere a los genoveses Teodosio Doria y Ugolino Vivaldi, que dice que en quinto lugar se constituyen los primeros descubridores de estas islas en el año 1291”.
“La misma información la relata el cronista (aquí y en el Compendio) pero considero que no puede ser su fuente Muñoz de la Peña, que habla de que hubo unos genoveses que también descubrieron las islas en una época, pero no indicó sus nombres. Y el indicar sus nombres es una cuestión muy particular: Viera es el único que da nombre a esos descubridores (en el libro 1, capítulo 3, párrafo 20, titulado Los Genoveses)”, explica el filólogo.
Fuera de estos detalles de investigación, son muy pocas las pistas en torno a la figura del particular cronista tinerfeño. “No tenemos noticia de que viajara por las Islas y, de hecho, tenemos muy poco conocimiento de su vida, más allá de su nacimiento, sus órdenes como clérigo, sus funciones como párroco y su viaje a Roma, que sabemos por Viera y Clavijo”, explica Bolaños, que apunta, en este sentido, al gran historiador de la historia del Archipiélago como fuente que referencia el paso de Quesada y Chaves por Roma.
Y es que si bien el autor de este manuscrito nunca cita a Viera y Clavijo entre sus páginas, es precisamente gracias al testimonio de este último (en cartas que recoge el archivo epistolar) que hoy podemos dar respuesta a algunas preguntas sorprendentes, por ejemplo: cómo fue posible que un sacerdote de Los Realejos, discreto y totalmente desconocido para la gran mayoría, dejó en Roma tres tomos de un manuscrito sobre geografía e historia de las Islas.
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Ilustración de Fuerteventura, detalle del manuscrito.
‘Grand Tour’
Quedan muchos manuscritos de Canarias por editar, asegura Bolaños; de hecho, indica, quedan aún muchos por encontrar. El hallazgo de Las Canarias ilustradas y Puente isleño americano, de Dámaso de Quesada y Chaves, en una biblioteca de la Santa Sede parece inverosímil: los tres únicos tomos de obra conocida del clérigo tinerfeño a un continente de distancia de su parroquia. Sin embargo, esta es una de las singularidades de los archivos: suelen esconder tesoros que nadie espera encontrar.
Quedan muchos manuscritos de Canarias por editar, asegura Bolaños
¿Cómo acaba en Roma un manuscrito tinerfeño del siglo XVIII? Como resultado, cuenta Bolaños, de la práctica ilustrada del Grand Tour, un viaje por Europa, considerado como parte del aprendizaje de los jóvenes en formación académica y que entre otros objetivos tenía por propósito conocer de primera mano algunos de los rastros de la cultura clásica. “En el siglo XVIII cuando se estilaba el Grand Tour muchos muchachos sacerdotes iban a Roma. Fue lo que les pasó tanto a Dámaso de Quesada y Chaves, autor de la obra, como a Viera y Clavijo”, apunta Bolaños, que señala la Iglesia Nacional Española de Santiago y Monserrat en Roma como espacio clave para historiadores, pues fue lugar de acogida de muchos de estos clérigos.
Así, apunta el investigador, hay constancia de que los dos autores se dieron cita en el mismo espacio y, en el caso de Chaves, al hospedaje debe la finalización de su manuscrito: “No sabemos si la obra la empezó en Canarias, pero con total seguridad la terminó en Roma y ahí la dejó en 1784. Tenemos referencias, a través de cartas, de Viera y Clavijo contando que se lo encontró”, detalla, y señala que hay, incluso, referencias epistolares que abren la hipótesis de que fueron recibidos en audiencia papal conjuntamente con otros canarios.
Si el viaje del casi desconocido Dámaso de Quesada y Chaves puede resultar del todo sorprendente, más aún, cuenta Bolaños, lo es el de uno de los tomos de su manuscrito, que no solo permaneció (igual que el resto de la obra) varios siglos en el archivo de la Biblioteca de Roma, sino que fue del todo desaparecido entre 1925 y 1987, año en que la Biblioteca Nacional de España lo recuperó en una subasta en la casa Sotheby’s, de Londres, dando por finalizado su particular Grand Tour tardío.
Explica Alejandro Bolaños que indagar entre los manuscritos requiere un esfuerzo exigente. Hay un esfuerzo económico, porque se necesitan muchos días de estancia en la cercanía de los archivos (en este caso, en Roma) para poder copiar el manuscrito completo, respetando el máximo diario de fotogramas permitido. Hay un esfuerzo académico, porque no solo debe ser transcrito el texto, sino que debe comprenderse la dimensión de los hechos que se narran. Hay un esfuerzo filológico, en su caso, con la palabra escrita, su comprensión, la correcta traducción del latín en los casos en que aparece. Pero hay también una responsabilidad con nuestra propia historia.
Cuántas páginas de cuántos manuscritos por consultar responden a preguntas clave de nuestra historia. Cuántas de ellas esperan entre las estanterías oscuras de archivos remotos. Cuántas respuestas, en definitiva, están esperándonos, perplejas, donde siempre olvidamos buscarlas: en los libros. Qué lugar tan poderoso, la biblioteca.
















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