Juan Ismael, entre los más grandes
El Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía expone un cuadro del artista majorero
El artista majorero comparte sala en el Museo Reina Sofía de Madrid con genios de la pintura como Dalí, Miró, Óscar Domínguez y Maruja Mallo, entre otros. La obra de Juan Ismael ‘Amor hasta los huesos’ se expone a pocos metros del Guernica.
Da alegría, y un cierto orgullo, recorrer las salas del Museo Reina Sofía en Madrid, y volver a ver expuesto un cuadro de Juan Ismael: Amor hasta los huesos. Y verlo y disfrutar de una pieza que se encuentra en la misma sala que nombres tan ilustres como Óscar Domínguez, Dalí, Miró, Maruja Mallo, y a dos pasos del Guernica de Picasso, la joya de la corona del Reina.
Llegar hasta la sala 205, en la que se encuentra la obra del artista majorero, es como un viaje mágico. Es el viaje de Alicia, después de tomar la pócima, y poder cruzar debajo de la puerta y llegar al otro lado, a ese mundo de fantasía, y aquí al arte, ese arte diverso, singular, que no se olvida.
Cruzas una esquina y de pronto te acercas a la cartela y lees que se trata de una escultura que hizo Pablo Picasso, y más allá, ves a la mujer que se asoma al balcón y recuerdas que es un Dalí. Y así, en este mundo de veredas, colores y pinturas que a veces solo puedes ver en libros y enciclopedias, llegas hasta ese Amor hasta los huesos, la tercera de las obras de Juan Ismael que el Museo Reina Sofía adquirió hace diez años, y que costó 16.000 euros.
‘Amor hasta los huesos’ es la tercera de sus obras que adquirió el Museo
El cuadro pertenece a su etapa más productiva, tal vez más sobresaliente, la de los años treinta del pasado siglo, como destaca el escritor y amigo personal del artista Carlos Pinto.
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ya contaba con otras dos piezas del creador, nacido en La Oliva: La Musa en la Tierra, de 1939 y Ave Fénix, de 1971.
Lo inesperado de este viaje es que estas piezas de Juan Ismael se encontraban guardadas en los fondos del Museo. Ese escondite secreto que debe tener todo el aspecto de una cueva del tesoro en la que dentro de inmensos cofres sobresalen obras de los más grandes.
Envueltos en cómodos abrigos, en aislantes que impidan su deterioro, por estos sótanos del arte han coincidido piezas de Picasso, Juan Gris, Dalí, Miró, Francis Bacon. También cuadros y esculturas de artistas canarios como Óscar Domínguez, Millares, Chirino, César Manrique y Juan Ismael. Todos ellos compartiendo ese espacio, en el que las obras, estas piezas únicas esperan el momento justo en el que puedan volver a escena, regresar a una de las salas del Reina Sofía, para que miles de visitantes puedan detenerse y disfrutar de ellos.
Y eso, esa nueva salida a escena, está ocurriendo estos días, lo que supone una buena oportunidad de acercarse y mirar. Junto a la cartela de este óleo sobre arpillera del pintor majorero puede leerse: “Artista, crítico de arte y poeta, Juan Ismael es uno de los principales exponentes del surrealismo canario... En Amor hasta los huesos se advierte la influencia del surrealismo telúrico de la Escuela de Vallecas y del concepto daliniano de lo putrefacto”.
Con la incorporación de esta pieza, al gran homenaje que el Museo Reina Sofía rinde al surrealismo en Canarias, y a todos aquellos creadores vinculados con la revista Gaceta de Arte, resulta más difícil llegar a comprender por qué la obra, y el talento de este artista majorero no ha tenido una mayor repercusión. Su vida está plagada de sucesos casi novelescos y, aun así, ni esas circunstancias han logrado reactivar la atención que merece como artista y como figura destacada de la cultura insular.
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Juan Ismael llegó a decir a su amigo Carlos Pinto: “Mi obra está hecha para la posteridad”
Tal vez, como el propio Juan Ismael le contó con cierta ironía al escritor y amigo Carlos Pinto, cuando lo visitaba en su casa de Gran Canaria: “Mi obra está hecha para la posteridad”. Fue una forma sutil de mostrar su aparente resignación, ante la dureza que supone ver cada día como sus creaciones pasaban desapercibidas.
Quizás porque en aquellos momentos el surrealismo no estaba de moda, o peor aún, porque él no formaba parte de los artistas con más cartel. Para Carlos Pinto, la única razón que encuentra para que el trabajo de este gran pintor no haya tenido el reconocimiento que se merece se debe sin duda a la mala suerte de Juan Ismael. El historiador Pedro Carreño sostiene que quizás en Fuerteventura la gente suele olvidarse de los suyos, y ante ese lamento, considera que una figura como Juan Ismael debería, entre todos, colocarse en el lugar que se merece.

















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