“Las periodistas podemos contribuir a la cultura de paz a través de la palabra”
La periodista Patricia Simón presenta ‘Narrar el abismo’ el 24 de abril en el Centro Bibliotecario Insular
Patricia Simón (Estepona, 1983) es periodista, escritora y profesora especializada en conflictos y crisis humanitarias, y enfocada en los derechos humanos y la perspectiva de género. Ha realizado coberturas en más de 25 países, entre las que destacan las guerras en Ucrania, Malí, Sudán, Colombia y los territorios palestinos ocupados, además de otras coberturas en Irak, Cuba, Grecia, Libia, Marruecos o Sierra Leona. Colabora regularmente con La Marea, Revista 5W, El País, Carne Cruda, Cadena Ser y la agencia Associated Press. Su trayectoria ha sido reconocida con galardones como el Premio de la Asociación Española de Mujeres de los Medios de Comunicación y el Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales. El viernes 24 de abril, a las 20.00 horas, presenta Narrar el abismo, en la sala Josefina Plá del Centro Bibliotecario Insular.
-¿Qué le llevó a publicar un libro que reflexiona sobre el periodismo de conflictos y qué dificultades encontró en el proceso?
-La semilla del libro surge en el segundo aniversario de la invasión rusa de Ucrania. Me parecía interesante ahondar en ese conflicto, pero el libro se retrasó por otras coberturas, y cuando comencé a escribirlo, tenía claro que tenía que poner el foco en dos cuestiones. La primera es que cada vez hay más personas que evitan informarse, y la segunda es que las periodistas cada vez nos encontramos con más víctimas que dicen que para qué van a contar nada... pero al final lo acaban contando. Esto tiene que ver con la necesidad propia del ser humano de poner palabras a lo que nos ocurre. Conectar esas dos realidades me parecía necesario. La impotencia de ver el genocidio en Gaza paralizó mi escritura. Esa parálisis me sirvió para entender a esa ciudadanía que ha dejado de informarse, porque yo misma me convertí en ese sujeto que consumía información e imágenes terroríficas que se me quedaban atascadas. Entonces viajé a la frontera de Sudán con Chad.
-¿Qué es lo que ocurrió en esa cobertura?
-Fue una de esas escenas reveladoras que le dan sentido a todo. Estábamos en Chad, muy cerca de la frontera con Sudán. Las personas supervivientes que habían huido de la guerra de Sudán se enteraron de que había dos periodistas que habían llegado hasta allí y empezaron a hacer cola para contarlo. De nuevo, el proyecto cobró todo el sentido. Este oficio sigue siendo profundamente necesario. Sabemos que no transformamos el mundo ni conseguimos paralizar la violencia, pero hacemos algo muy valioso que consiste en preservar la humanidad al recoger los testimonios y trasladárselos a la ciudadanía.
-¿Resulta terapéutico el periodismo para las víctimas de los conflictos?
-No sé si es terapéutico, pero desde luego sí que sirve para reconocer el dolor y su dimensión humana. Lo he visto en todos los contextos donde he trabajado, y además es algo que está estudiado. Someter al silencio a las víctimas es una de las peores formas de violencia posibles. Por tanto, darles la oportunidad de hablar y de reconstruir lo vivido es ya en sí una forma de reparación.
“La impotencia de ver el genocidio en Gaza paralizó mi escritura”, señala Simón
-La palabra impunidad está en el subtítulo del libro. Las grandes cabeceras occidentales llevan años edulcorando las palabras a la hora de hablar de Israel e incluso, en muchas ocasiones, omiten el nombre del país agresor en los titulares, hasta cruzar límites que atentan contra las normas básicas del periodismo. ¿Qué responsabilidad tiene el periodismo en el genocidio?
-Los medios de comunicación occidentales -no en su totalidad, pero sí en su mayoría- son coautores del genocidio. No solo lo legitiman, sino que en las últimas décadas han apoyado la ocupación y han sido parte de una narrativa que deshumaniza a la población palestina. Los países aliados de Israel han dado una pátina de derecho y justicia al régimen de apartheid. De alguna manera, se ha validado y naturalizado la idea de que a la población palestina se la puede diezmar, asesinar, masacrar, expoliar, desplazar y encarcelar. Me consta que la relatora especial de Naciones Unidas lleva meses elaborando un informe sobre la responsabilidad de los medios de comunicación occidentales en el genocidio, y me parece que va a ser un documento histórico.
-Irán, Líbano, Palestina... ¿estamos ante tres vertientes de un mismo conflicto?
-Sí, clarísimamente. Israel lleva años anunciando su plan expansionista para crear el Gran Israel, y ahora lo está ejecutando. Por otro lado, también tiene que ver con su plan de acabar con cualquier tipo de contrapoder en la región. Además, lo hace con una estrategia muy soez y burda por la cual intenta arrinconar a la población civil con el discurso de “o estáis con los islamistas y terroristas (lo hizo con Hamás; ahora con Hizbulá), o con nosotros”. Estamos viendo también cómo Israel no solo acaba con esos contrapoderes, sino que también quiere convertir el Líbano en una nueva Gaza, como ya han anunciado.
-¿Cómo se ha llegado hasta este nivel de impunidad?
-Sabemos que Israel es el portaaviones de Estados Unidos, pero al mismo tiempo, Israel realmente se ha convertido en el gran poder sobre Estados Unidos. La última guerra sobre Irán ha sido iniciada por Israel, y Estados Unidos se ha dejado arrastrar. Todo esto también es posible porque Israel sigue siendo socio comercial prioritario de la UE, y no se han adoptado ninguna de las medidas que se adoptaron con Rusia cuando invadió Ucrania. Se les ha dado carta blanca. El asesinato de casi 300 periodistas palestinos por parte de Israel ha sido posible porque ni los gobiernos ni los grandes medios occidentales han ejercido la suficiente presión sobre Israel para detener esto. A pesar de todo, la UE sigue sin hacer nada. Hablábamos antes de los medios de comunicación como coautores del genocidio, pero muy claramente los gobernantes de la UE son también coautores por no haber adoptado las medidas legales necesarias contra Israel.
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Patricia Simón en Jenin, Cisjordania. Foto: Álex Zapico.
“Someter al silencio a las víctimas es una de las peores formas de violencia”
-El libro se lo dedica a los periodistas palestinos, especialmente a los asesinados por el Estado de Israel. ¿Por qué los grandes medios occidentales no se han unido en masa a denunciar el asesinato de sus colegas palestinos por parte de Israel?
-El problema va más allá. Hay una crisis ética cuando las facultades de comunicación occidentales no están empapeladas con los rostros de compañeros y compañeras asesinadas, cuando no existen premios con sus nombres y cuando de alguna manera estamos validando nuestro sesgo racista e islamófobo. Me indigna profundamente la sorpresa e indignación cuando Israel dispara contra un periodista británico en el sur del Líbano y que no se reaccione de la misma manera cuando Israel asesina a nuestros colegas palestinos. Esto solamente evidencia el doble rasero de Occidente. Que se normalice la indignación selectiva supone un éxito para Israel, pues se da por sentado que el asesinar a los palestinos es parte del statu quo.
-¿Cree que el informicidio se puede extender ahora al Líbano?
-Es muy importante que empecemos a visibilizar los ataques que sufra la prensa por parte del Ejército sionista en el Líbano, tanto extranjera como local. No podemos caer en la narrativa impulsada por Israel que justifica el asesinato de periodistas supuestamente vinculados a grupos armados, como ya hizo con Hamás. Israel ha asesinado a periodistas del medio libanés Al Mayadeen por su supuesta vinculación con Hizbulá. Además de una milicia, Hizbulá es un partido con una estructura civil y tiene una parte de apoyo muy importante en la sociedad. Cuando se ataca a periodistas de Al Mayadeen hay cierta displicencia a la hora de denunciarlo porque parece que están matando a milicianos, pero no es el caso, porque son periodistas. Y si fueran milicianos, estaríamos ante asesinatos extrajudiciales, que son ilegales.
-Volviendo a la cobertura de Sudán, ¿qué siente al constatar que las vidas de ciertas personas tienen menos peso en la agenda mediática?
-La realidad es peor, porque la gente de Sudán sabe que sus vidas tienen menos valor en el tablero geopolítico y mediático internacional. Yo soy muy escrupulosa a la hora de pedirle a la gente que destine su tiempo a contarme lo que están viviendo, sabiendo que no siempre va a tener la repercusión que se merece. Pero es especialmente difícil cuando la otra persona sabe que está en el último escalafón del interés mediático internacional, derivado de un imaginario occidental lleno de clichés, que reduce la existencia de muchas personas a la hambruna perpetua y a la guerra. Mi deber es tratar a todas las víctimas por igual y con la mayor dignidad posible. También debemos contrarrestar y combatir esta tendencia repulsiva que añade o resta valor a las víctimas dependiendo del lado del tablero geopolítico del que procedan. Lo estamos viendo en Irán, y también en Cuba, donde la población es víctima del bloqueo de EEUU y de unas élites que han antepuesto perpetuarse en el poder al bienestar de su gente.
-“El periodismo consiste en investigar, ir al lugar de los hechos, observar, preguntar, contrastar, estudiar, volver a preguntar, analizar y contar. Pero, sobre todo, se fundamenta en observar y escuchar”. ¿Cree que se investiga lo suficiente antes de ir a los lugares?
-Nunca se investiga lo suficiente, pero el problema actual es que no se está destinando presupuesto a esa labor de documentación, tan necesaria y que requiere tantas horas. Tenemos un periodismo declarativo que domina el panorama mediático. El seguimiento de la actualidad va un poco más allá, pero la investigación ha quedado muy relegada y esto supone la muerte del periodismo. No obstante, en un conflicto, la actualidad es muy importante. Cubrir el bombardeo de un edificio puede tener un impacto inmediato para que países y organismos supranacionales como la UE o Naciones Unidas se posicionen. Cuando llegamos quienes hacemos historias de mayor recorrido, nos nutrimos de las coberturas previas. Todo ese conglomerado se convierte en material imprescindible para los historiadores. El problema es que la actualidad ocupa casi todo el espacio, pero no precisamente para hablar de bombardeos. Las declaraciones absurdas de líderes políticos dominan la agenda.
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Patricia Simón en Derna, Libia. Foto: cedida.
“Al consumir información tenemos que dejar de buscar lo que confirma nuestros prejuicios”
-¿Qué relación tiene el periodismo de conflictos con la justicia?
-Las periodistas recopilamos pruebas del delito sobre el terreno, y se las entregamos a la sociedad, que incluye a los organismos de derechos humanos, que finalmente pueden llevar estas pruebas ante los tribunales internacionales. Incluso en los contextos de mayor impunidad, las víctimas siempre tienen esperanza. La justicia no solo consiste en condenas a prisión de los victimarios. Que se sepa lo que hicieron, que pasen vergüenza, y que sean señalados o apartados socialmente, contribuye a ese reconocimiento de la verdad, tan reparador. En ese sentido, las periodistas podemos hacer justicia y contribuir a crear una cultura de paz a través de la palabra.
-Señala que hay incontables ejemplos de buen periodismo de largo recorrido, pero lo que prevalece hoy en día es la inmediatez ¿Qué se puede hacer para luchar contra esta tendencia de la inmediatez e informarse mejor?
-Al consumir información tenemos que dejar de buscar lo que confirma nuestros prejuicios y preconcepciones. Hoy en día existe un castigo hacia los periodistas que trabajamos los matices y la complejidad. Además, para contrarrestar esa necesidad de desconectar que tenemos cada vez más personas, tenemos que adquirir hábitos informativos sanos. Recuperar nuestra soberanía informativa se hace decidiendo cuáles son los lugares, los tiempos y las formas que vamos a dedicar a informarnos, tomando el control. Las redes sociales deberían ser solo un espacio al que asomarnos para ver por dónde va la conversación pública. Tenemos el cerebro saturado y agotado. Si somos conscientes de eso, volveremos a informarnos de una mejor manera, más selectiva y responsable.
-¿Es la pantalla del móvil sinónimo de información de baja calidad?
-La pantalla del móvil nos enseña lo mismo que la del ordenador o que la prensa. El problema es que el dispositivo está diseñado para que lleguen constantes notificaciones que nos están robando la capacidad de concentración. Además, las redes sociales están diseñadas para que estemos dispersos, y para que nos sintamos envidiosos, insatisfechos e indignados. Estas emociones negativas van contra nuestra capacidad de concentración y de comprensión.
-Las redes son una herramienta de trabajo fundamental para los periodistas ‘freelance’ como usted. Hace meses se marchó de X (antiguo Twitter), la red social de Elon Musk, pero ha decidido volver. Otros colegas y medios independientes se ven en la misma encrucijada. ¿Cuál es la mejor estrategia para combatir el odio sin quedar aislado del mundo?
-No hay una única solución válida. Me marché de X porque me parecía insoportable e inmoral seguir en esa plataforma después de que Elon Musk se convirtiera en uno de los hombres fuertes de Trump y compartieran todo tipo de soflamas antidemocráticas. Muchas nos fuimos a BlueSky, pero no ha tenido mucho recorrido. Además, la población de Gaza seguía utilizando X para denunciar el genocidio. Decidí volver porque pensaba que el espacio que estábamos cediendo facilitaba la difusión del discurso del odio con mayor impunidad. Mientras no exista una plaza pública digital -que debería ser creada- no deberíamos ceder tantos espacios. Pienso que debemos ser idealistas, y que eso es lo que nos hace avanzar.
















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