“Hemos normalizado que puedan morir las personas en la frontera”
Youssef M. Ouled, periodista
El periodista Youssef M. Ouled publica La frontera del azar (Editorial JANDE), un relato en primera persona donde analiza cómo el racismo institucional se manifiesta cada día a través del control y la vigilancia de los cuerpos racializados. El libro, con el respaldo de la experiencia profesional del autor, retrata la violencia racial y colonial que los países de la Unión Europea, incluyendo el Estado español, ejercen sobre las personas racializadas por el simple hecho de no ser blancas.
En una entrevista con Diario de Fuerteventura y Diario de Lanzarote conversa sobre la publicación y aborda la situación de Ceuta tras la entrada de más de 70.000 personas migrantes a finales de julio; la muerte de, al menos, 141 personas ahogadas y un reguero de odio, alimentado por la ultraderecha y la derecha. “Ha habido una retórica de deshumanización intencionada que denomina a estas personas invasoras”, asegura.
-En el libro plantea el perfilamiento racial como una de las principales formas de expresión del racismo institucional. ¿Qué es y qué impacto tiene?
-El perfilamiento racial alude a una forma de actuar. Mi libro se centra en las instituciones, pero realmente es una práctica que trasciende las instituciones públicas. Hay una actuación sobre determinadas personas y cuerpos, motivada por criterios raciales. En el libro hablo de cómo esa perfilación racial tiene enormes consecuencias y de cómo estas se vuelven todavía más graves cuando la perfilación racial se produce por parte de las instituciones públicas, como es, por ejemplo, la Policía. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y las diferentes policías actúan motivadas por criterios raciales. Las estadísticas, las experiencias, las denuncias y las investigaciones, que así lo atestiguan, visibilizan que este tipo de controles se desarrollan principalmente sobre población no blanca y ahí está la cuestión racial. La perfilación racial es algo que se produce a todos los niveles. Yo mismo, cuando buscaba un piso para alquilar, llamaba por teléfono y la gente me decía que sí, que fuera a tal hora para verlo. Cuando llegaba y se hacía esa lectura de mi cuerpo, me decían que el piso ya estaba alquilado.
-¿Qué más consecuencias arrastra el perfilamiento racial?
-Otra de las consecuencias tiene que ver con los derechos de las personas afectadas por esa perfilación racial. Hablamos de la vulneración a la libre circulación, a un juicio justo y de que no disponemos del espacio público en igualdad de condiciones al resto de la población porque no somos blancos, básica y llanamente. También hemos documentado que la perfilación racial suele actuar como un mecanismo de extensión de la violencia. Es una práctica que de forma visible se ejecuta principalmente sobre hombres. Normalmente vemos a la Policía parando a hombres racializados. También la forma en la que interpretamos el espacio público quienes estamos sistemáticamente sometidos a este control. Si cada vez que sales a la vía pública, cada vez que te organizas y cada vez que transitas ves que tu cuerpo es sistemáticamente controlado de una forma desproporcionada y mayor que cualquier otra persona o cuerpo, no entiendes el espacio público como un espacio público, sino como un espacio coercitivo. Eso afecta, por ejemplo, a la forma en la que te puedes organizar para defender tus derechos, porque sabes que si ocupas el espacio público vas a sufrir esa discriminación y esa violencia.
-¿Cómo afecta esta persecución a la salud, tanto física como emocional?
-Hablar en España de estudios desglosados por raza y etnia es difícil porque en este país hablar de raza y etnia es interpretado por las instituciones públicas como racista, cuando en realidad quienes están proponiendo hablar de raza y etnia son las propias organizaciones y personas que sufren el racismo. Quienes no quieren hablar de raza y etnia son las instituciones denunciadas por ejecutar o aplicar criterios raciales. En otros países sí existen estudios desglosados por raza y etnia e investigaciones que recogen diferentes aspectos socioculturales, económicos y laborales en base a criterios raciales. Ahí, por ejemplo, podemos ver cómo aquellas comunidades sometidas a un mayor control policial son comunidades que tienen peores índices de salud. Este tipo de controles les afectan porque generan enfermedades y son poblaciones más propensas a la ansiedad, la hipertensión y todas esas consecuencias sobre la salud derivadas de una actividad policial desproporcionada sobre unos cuerpos.
-En el libro lanza la pregunta de si las personas racializadas han vivido mejor durante estas dos legislaturas con gobiernos progresistas. ¿Cuál es su opinión?
-En los siete u ocho años que llevamos de gobierno progresista, la realidad material de las personas migrantes y racializadas no es mejor. Al contrario. Para mí, el racismo es una forma de ordenar, clasificar y jerarquizar la sociedad. Y como es una forma de ordenar la sociedad en base a criterios raciales, va a tener sus manifestaciones en todos los ámbitos. A nivel laboral, los peores trabajos y las peores condiciones laborales son las de las personas migrantes y racializadas. A nivel educativo existe segregación escolar. Nadie quiere llevar a sus hijos a los colegios donde hay moros, negros y gitanos y también se manifiesta en la vivienda. En un momento en el que acceder a un piso o una vivienda digna en el Estado español es una dificultad enorme, si le añades el racismo que se vive dentro del ámbito de la vivienda, eso dificulta todavía más nuestra capacidad para acceder a un derecho básico. Y el racismo, por supuesto, se manifiesta en la política migratoria, en el sentido de que hoy en día siguen muriendo las personas que buscan una vida mejor. ¿Qué ha hecho el gobierno progresista durante estos años respecto a las condiciones materiales de las personas migrantes y racializadas? Prácticamente nada o casi nada, si sacamos de la ecuación la regularización extraordinaria.
“No disponemos del espacio público en igualdad por no ser blancos”
-Los movimientos antirracistas han cuestionado algunas de las posturas expuestas durante el debate sobre la regularización extraordinaria. ¿Por qué?
-Se decía que no podía aprobarse una regularización extraordinaria porque el marco europeo no lo permitía, cuando a lo largo de la historia de España se han producido hasta siete regularizaciones diferentes. Cuando no quedó otra opción, por la aritmética política y por la lucha de los movimientos sociales antirracistas, Pedro Sánchez dijo que claro que había que aprobar una regularización extraordinaria porque no podía haber personas en nuestro país que vivieran sin derechos reconocidos. La solución no puede ser una regularización extraordinaria, sino la revisión del marco legal de la propia Ley de Extranjería, que genera personas sin derechos. Porque, si la regularización extraordinaria es la solución, una vez terminado ese periodo, la existencia de personas sin derechos va a seguir siendo una constante.
-También habla de cómo la inteligencia artificial puede expandir el racismo. ¿Cómo se relaciona con el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo?
-Formo parte de un equipo, articulado bajo el proyecto Aljoroce, que analiza la forma en la que la IA, los sistemas algorítmicos y los sistemas de inteligencia artificial están siendo utilizados para reproducir lógicas racistas. Un ejemplo muy concreto tiene que ver con la política migratoria y con cómo se están utilizando muchas de estas tecnologías para impedir la libre movilidad humana, reforzar el control migratorio, ejercer un mayor control en la frontera, impedir que esas personas crucen y militarizar la frontera, pero no para impedir que personas sigan muriendo en la frontera. Se utilizan estas tecnologías para monitorizar cada uno de los movimientos de las personas migrantes, extrayendo sus datos, conociendo en cada momento dónde están y ejerciendo un control casi en tiempo real. Este tipo de controles y de monitorización biométrica no están permitidos sobre la población europea porque se considera que vulneran derechos humanos básicos, pero, sin embargo, el uso de estas tecnologías, según marca el Pacto Europeo de Migración y Asilo y también el Reglamento de Inteligencia Artificial, sí se podrá aplicar sobre personas migrantes. En lo que respecta a la política migratoria, estas tecnologías se están utilizando para limitar los derechos de las personas migrantes.
-¿Cómo valora lo ocurrido en Ceuta?
-Lo ocurrido en Ceuta no es solo una crisis migratoria. Las migraciones son consecuencia del sistema capitalista mundial que tenemos y de una historia colonial, imperial y racista del norte global sobre el sur global. No es casual que las personas que migran en la actualidad sean provenientes del sur global, del continente africano o de Latinoamérica, y que quienes sufren precisamente la privación de derechos sean personas que no son blancas. Como eso no es casual, no podemos llamar única y exclusivamente crisis migratoria a lo que sucede en Ceuta. Si la población marroquí se ve obligada y forzada a migrar hasta el punto de arriesgar su vida, porque recordemos que murieron al menos 150 personas, no es porque el Estado marroquí, el régimen autoritario marroquí, decida abrir las fronteras y la población diga: “Bueno, pues nos vamos”. Hay una lógica de ausencia de derechos, de libertades y de proyecto de vida. El sistema marroquí está destinado a satisfacer, a nivel de recursos económicos y de producción de materias primas, bienes y servicios, el mercado europeo y no las necesidades del pueblo marroquí. Hay una relación de dependencia que genera que la propia población marroquí no tenga lo más básico y elemental en su país y que, además, cuando se organiza políticamente, sufra una brutal represión. Hablar solo de crisis migratoria oculta la responsabilidad europea y occidental en el hecho de que haya personas del sur global que busquen un proyecto de vida en el norte. Lo ocurrido en Ceuta es una consecuencia de toda esa desigualdad política y económica materializada en una política migratoria, instrumentalizada o no por un régimen autoritario, pero que tiene una política migratoria restrictiva y racista en su raíz.
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“La tecnología se usa como una extensión de ese racismo institucional”
-¿Cómo valora el tratamiento mediático que se ha dado al tema de Ceuta?
-A nivel mediático está siendo brutal. Hay una retórica de deshumanización intencionada que denomina a estas personas invasoras. Cuando calificas de invasor a alguien que se está buscando la vida, estás generando el marco mental para que se puedan vulnerar todos sus derechos humanos básicos, para que sus muertes sean vistas como una consecuencia colateral y para que puedas vulnerar el derecho a pedir protección internacional, el derecho a la infancia. El propio Gobierno se aprovecha de esta narrativa. Por eso seguimos viendo a personas absolutamente desamparadas y abandonadas a su suerte. Existe ese marco deshumanizante que genera la posibilidad de que haya seres humanos absolutamente abandonados sin que aquí pase nada. Además, estamos asistiendo a lo largo y ancho de todo el Estado español a una violencia brutal normalizada contra las personas leídas como moras, racismo antimoro, morofobia, como quieras llamarlo. Aprovechando el contexto político y mediático y la narrativa instalada de odio y violencia contra ese “invasor”, están dando rienda suelta a un racismo que ya existía previamente y que se está normalizando a marchas forzadas.
-Se habla de Ceuta como la ciudad de las cuatro culturas. ¿Realmente lo es?
-Esto lo hemos escuchado por activa y por pasiva y también hemos escuchado a las propias organizaciones y a la población ceutí musulmana ponerlo en cuestión y negarlo absolutamente. La población musulmana en Ceuta está absolutamente segregada. La musulmana ceutí y la migrante viven en barriadas y en peores condiciones de vida. La renta per cápita es cuatro veces superior en el centro y en las zonas donde vive principalmente población española blanca. Esa supuesta convivencia de las cuatro culturas se sostiene también en un relato ficticio que se cae cuando, por ejemplo, consultas los datos del INE sobre renta per cápita. Y no solo se cae por estos criterios, sino también por la propia forma en la que se ha actuado respecto a lo sucedido en Ceuta y a esa entrada extraordinaria.
-En Ceuta hemos visto que el odio ha hecho más ruido que la solidaridad. ¿Por qué?
-Quienes se han hecho cargo y volcado y organizado para ayudar a menores y a todos esos hombres y mujeres, que han intentado cruzar para buscar una vida mejor, han sido precisamente esos barrios más empobrecidos. Es ahí donde se ha producido esa solidaridad. En cambio, de esos barrios más pudientes, más blancos y con una renta per cápita mayor hemos escuchado esa narrativa absolutamente deshumanizante.
“Hay una retórica de deshumanización que los llama invasores”
-¿Cómo valora la respuesta policial en Tarajal y Trampolín cuando se tiraron las chozas?
-Se viene denunciando cómo existen patrullas, no solo vecinales, que organizan cacerías y pogromos racistas contra población marroquí o migrante. También se ha detectado cómo dentro de esas organizaciones participan militares que están llevando a cabo esa brutal represión, con palizas, robo de móviles y de enseres. En ese contexto no nos sorprende que se produzcan pogromos vecinales que impidan ya no solo que un camión de comida de una ONG humanitaria llegue a las personas migrantes, sino que, después de impedir que el alimento llegue a la población migrante, se vaya a quemar, como sucedió en esas playas, los asentamientos donde malviven y sobreviven. Primero, porque existe una normalización del racismo que es previa al 30 de julio. Y, segundo, porque esta entrada extraordinaria ha sido instrumentalizada para instigar el odio, deshumanizar aún más a las personas migrantes y normalizar que se pueda ejercer todo tipo de violencia sobre ellas. En ese contexto, es desolador ver cómo existe una desprotección por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado respecto de esas personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad máxima.
-¿Por qué los muertos no acostumbran a importar en las fronteras?
-Hay deshumanización. Nos hemos acostumbrado a encender el telediario y a recibir información sobre personas migrantes que mueren. Forman parte del decorado y de esta Europa fortaleza en la que vivimos. El racismo no es una cosa de ahora. Es consecuencia de una historia imperial y colonial que nos ha enseñado que existen personas que son menos que otras, que pueden morir sin que pase nada y que existen personas cuyos derechos pueden ser vulnerados sin que pase nada. Hemos normalizado que puedan morir las personas en frontera. Pero no cualquier persona: personas de color, negras, marrones, provenientes de países africanos, porque esos cuerpos pueden morir. Sin embargo, si tan solo una de esas personas fuera blanca, europea, el imaginario que se activa y la indignación que se activa serían otros, porque la indignación también es selectiva y ha sido construida en base a parámetros raciales.
“Lo de Ceuta es consecuencia de esta desigualdad política y económica”
-La muerte de un joven con diabetes y el disparo a un niño en la cabeza han generado un torrente de odio en las redes sociales. ¿De qué es consecuencia?
-Toda esta deshumanización nos lleva a que, cuando muere una persona con diabetes, no pensemos en que ha muerto una persona, sino que pensemos que ha muerto un mena, un moro o un negro. Sin embargo, si murieran personas blancas, la activación emocional, la empatía social y la indignación serían otras. Y esto ocurre en un contexto donde la ultraderecha avanza a lo largo y ancho del globo y avanza gracias a una agenda que se centra principalmente en la deshumanización de las personas migrantes y en la criminalización de las personas musulmanas. Ahora utiliza a los migrantes como chivo expiatorio de todos los problemas, pero cuando estos ya no estén en el foco y consiga estar en el poder, irá precisamente a por todas aquellas personas que la ultraderecha y la ideología ultraderechista consideran que están fuera de su proyecto político: mujeres, pobres, disidentes sexuales, etcétera.
















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