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“Afganistán vive actualmente un ‘apartheid’ de género”

Khadija Amin, periodista

Álvaro Lucas 0 COMENTARIOS 07/11/2026 - 07:35

Khadija Amin (Kabul, 1993) es una periodista afgana que actualmente reside en España. Se vio forzada a huir de Afganistán en agosto de 2021 tras la toma del poder por parte de los talibanes. Amin es autora de Sin velo. Una mujer libre contra los talibanes (Debate, 2026) y también coprotagoniza junto a la periodista colombiana Andrea Aldana el libro Exilio y palabra, el número 11 de la Colección Voces de la Revista 5W. El documental Khadija Amin ¿Dónde están mis hijos? transmite su dolor y su lucha para recuperar a sus hijos, que se encuentran en Afganistán, país al que por ahora no puede regresar. Amin visita Fuerteventura este mes en el marco del ciclo Voces desde la frontera. Conversará con Javier Sánchez, redactor de Revista 5W, en un acto que tendrá lugar el lunes 9 de noviembre a las 20.00 horas en la Sala Josefina Plá del Centro Bibliotecario Insular.

-En 2021 tuvo que huir de Afganistán tras la toma de Kabul por parte de los talibanes, que volvieron al poder 20 años después de la invasión de Estados Unidos y la caída del primer régimen talibán (1996-2001). ¿Qué recuerda de esa etapa durante su infancia?

-Recuerdo que las mujeres no podían salir solas de casa, y que el burka era obligatorio para todas. Era una situación parecida a la actual, aunque ahora las niñas todavía pueden estudiar hasta Primaria. En esa época la educación de las mujeres y también de las niñas estaba totalmente prohibida. Yo tenía muchas ganas de estudiar y de aprender, pero era muy arriesgado. Por suerte, una mujer que vivía en nuestra calle empezó a darnos clase de manera clandestina a niñas de distintas edades, entre las que estaban mis primas y mis amigas. Era una educación informal y gracias a ella pude aprender a leer y a escribir. El problema es que, al criarme bajo ese régimen, pensaba que era algo normal. No conocía otra cosa. Ahora nos da miedo que las niñas que están creciendo bajo el nuevo régimen talibán también normalicen esa situación.

-¿Qué cambió a partir de 2001?

-Tras la llegada de la coalición internacional liderada por Estados Unidos que derrocó a los talibanes, el país empezó a cambiar y a desarrollarse. Se abrieron escuelas y las niñas pudieron estudiar y las mujeres llegaron a la universidad. En mi caso, como ya tenía ese bagaje previo, en lugar de empezar en el primer curso salté directamente al cuarto. Sin embargo, no hay que olvidar que, a pesar de los cambios positivos, la sociedad afgana no dejó de ser profundamente conservadora. Hay que entender que veníamos de décadas de guerra civil, que enfrentó al gobierno socialista de Afganistán, apoyado por la URSS, a la insurgencia de los muyahidines, apoyados por Estados Unidos. En la década de 1970, antes de la guerra, las familias afganas eran muy modernas y tenían una mentalidad muy abierta. Pero tantos años de guerra en un país pasan factura y eso cambió la mentalidad de la gente. A pesar de todo, en los 20 años de democracia entre 2001 y 2021 llegamos a tener mujeres parlamentarias, ministras y una ley para eliminar la violencia contra las mujeres.

“Decidí estudiar periodismo para ayudar a otras mujeres dándoles información”

-En sus libros y ponencias denuncia la situación que viven las mujeres en Afganistán y para ello cuenta cómo fue su matrimonio forzado a los 19 años, la maternidad, su decisión de divorciarse y la separación forzada de sus hijos. ¿Ha tenido noticias de ellos?

-Me casé a los 19 años obligada por mi familia, y al poco tiempo fui madre de tres hijos. Seis años después di el paso de divorciarme de mi marido maltratador. Al argumentar que yo no tenía solvencia económica, se quedó con la custodia de los hijos. La llegada de los talibanes complicó más aún las cosas. Tuve que huir, sola. Ya en España, me enteré de que mi exmarido estaba en Alemania con mis tres hijos, a quienes pude visitar en varias ocasiones en 2024. Al vivir en Europa, mi exmarido era consciente de que no podía hacer las cosas como si estuviera en Afganistán. Yo quería empezar un régimen de visitas formal y conseguir la custodia compartida para eventualmente traer a mis hijos a España. Para hacerme daño, el padre se llevó a los niños de vuelta a Afganistán y ahora no me deja ni hablar con ellos. Está muy enfadado por la salida del documental y del libro, y desde junio no he podido hablar con mis hijos.

-En su libro confiesa que, a pesar de que estuvo casada seis años, nunca supo a qué se dedicaba su marido. “Hasta tal punto nos mantienen ajenas a todo. Las mujeres solo somos útiles para tener hijos, cocinar y hacer las cosas de la casa”. Si esta era la situación antes de la llegada de los talibanes... ¿Cómo es ahora?

-Durante la democracia pasé una vida horrible... imagina cómo es ahora para las mujeres bajo el régimen talibán en Afganistán. Desde su llegada, los talibanes han aprobado leyes y decretos que van claramente contra la libertad de las mujeres. No podemos estudiar, no podemos hablar en público en voz alta, no podemos viajar, no podemos salir solas de casa, no podemos hacer deporte... hay muchas cosas normales y básicas en la vida occidental, pero que en Afganistán están prohibidas. Una mujer que sufre violencia en su casa no puede denunciar si no tiene huesos rotos o heridas abiertas. Para poner la denuncia tiene que ir acompañada, y sabemos que el maltratador nunca va a acompañar a la mujer. Por tanto, en la práctica, las mujeres maltratadas no pueden denunciar. Otro aspecto preocupante es que en unos años no habrá enfermeras o ginecólogas. Las nuevas generaciones tienen prohibido estudiar y formarse, y tampoco se permite que un hombre atienda a una mujer. ¿Qué va a pasar con las mujeres? ¿Cómo van a recibir atención sanitaria? La tasa de mortalidad materna ya es muy alta, y solo irá a peor.

“En unos años no habrá enfermeras o ginecólogas, tienen prohibido estudiar”

-A pesar de la oposición de su familia, llegó a ser presentadora de los informativos en la televisión pública afgana. ¿Por qué decidió estudiar periodismo?

-Decidí estudiar periodismo para ayudar a otras mujeres dándoles información sobre sus derechos. Me di cuenta de que no conocía bien cuáles eran mis derechos durante el proceso de mi divorcio. De hecho, perdí ciertas cosas por no tener la información adecuada en el momento adecuado. Por ese motivo decidí estudiar periodismo, y al mismo tiempo tenía que trabajar. Antes del regreso de los talibanes empecé con un programa en una televisión privada que trataba los derechos de las mujeres. Era consciente de que en muchas provincias había familias que no dejaban a las niñas ir al colegio, a pesar de que tenían ese derecho, igual que el de ir a la universidad. En el programa tenía que dialogar con otras voces. La voz de un religioso tenía mucho peso, y por eso hablaba con él y también con gente del gobierno y del público para normalizar el debate sobre distintos puntos de vista.

-El 15 de agosto de 2021 presentó el informativo matinal. Por la tarde, los talibanes tomaron Kabul y las oficinas de la televisión pública, a la que no pudo volver. ¿Qué recuerdos tiene de ese día?

-Fue un golpe muy duro. Nunca imaginé que esto pudiera llegar a pasar. En los días previos veníamos contando cómo los talibanes se fueron haciendo con el control de distintas provincias. De hecho, estaba preparada para ir a cubrir noticias e informar sobre el terreno. Nunca imaginé que Kabul fuera a caer. Había un gobierno y un Ejército, pero todo se desmoronó muy rápido. El día 15 presenté el informativo de la mañana. Cuando regresé fui a la redacción y vi que no había nadie. Solo estaba mi jefe y me dijo “Khadija, vete ya. Vas a poner en riesgo nuestras vidas, y no queremos arriesgarnos por ti”. Fue muy difícil de encajar el hecho de que me tenía que ir. Me marché llorando y, aunque estaba muy cerca de la oficina, tardé mucho en llegar a casa porque todo se convirtió en un caos. Ese día se acabó todo para nosotras. Nuestra vida cambió totalmente.

Captura cedida por Khadija, ejerciendo como presentadora de los informativos en la televisión pública afgana. 

“Una mujer que sufre violencia en casa no puede denunciar sin los huesos rotos”

-A los pocos días consiguió abandonar Afganistán, sola, y llegar a España. ¿Cómo fue ese periplo?

-En un principio yo no me quería ir. En aquel momento yo hablaba cuatro idiomas y toda la prensa internacional estaba hablando de Afganistán. Mientras los talibanes decían en las ruedas de prensa que las mujeres podrían trabajar y que respetarían todos sus derechos, yo empecé a sufrir presiones y amenazas, y lo denuncié. Tenía esperanzas de que algo pudiera cambiar. En un principio tenía ofertas para irme a Estados Unidos o a Inglaterra, pero las rechacé porque quería quedarme. Cuando se hizo evidente que no iba a poder realizar mi trabajo y mi vida corría peligro, acepté marcharme. Una periodista española contactó conmigo y me dijo “esta noche te vamos a trasladar a España”. Sin pensarlo, me marché y lo único que cogí fue una bandera de mi país. Todo era un caos en el aeropuerto de Kabul. Los militares españoles, que tenían mis datos, me ayudaron a entrar. A la noche siguiente aterricé en Madrid y me recibió la ministra de Defensa. Para mí fue un shock huir de mi país por el hecho de ser mujer, y ser recibida por una ministra de Defensa, mujer.

-¿Cómo fueron los primeros meses y en qué proyectos trabaja ahora?

-Al llegar no hablaba nada de español. Resulta complicado empezar de cero en un sitio desconocido. Mientras aprendía el idioma tenía que lidiar con un fuerte sentimiento de culpabilidad por haber abandonado a las mujeres afganas. Por suerte, estuve muy bien rodeada y acompañada. Agradezco mucho a las feministas todo lo que me han enseñado. Actualmente trabajo para 20 Minutos y también para la productora audiovisual Telefónica Broadcast Services (TBS). También colaboro con otros medios y soy vocal de la junta directiva de Reporteros Sin Fronteras. En paralelo, colaboro con muchas asociaciones feministas y llevo años dando numerosas charlas y conferencias sobre los derechos de las mujeres en Afganistán. A través de la asociación Esperanza de Libertad, trabajamos con mujeres y niñas dentro de Afganistán, apoyando la elaboración de artesanías en la clandestinidad y ofreciendo educación a niñas mediante una escuela clandestina en línea. El activismo me quita mucha energía, pero al mismo tiempo siento que es una responsabilidad que cargo en mi mochila.

Amin visita el lunes Fuerteventura en el ciclo Voces desde la frontera

-Ya han pasado cinco años y, aunque Europa no reconoce oficialmente al régimen de los talibanes, una delegación de la Comisión Europea recibió a representantes talibanes en Bruselas el pasado mes de junio para, entre otras cosas, acelerar deportaciones a Afganistán. ¿Cómo valora este encuentro?

-Europa y Estados Unidos son responsables de la situación actual. No nos parece justo que durante 20 años se luche contra un enemigo y que de la noche a la mañana se olvide y se les reciba en Bruselas. Hay que recordar que muchos militares occidentales murieron en Afganistán a manos de los talibanes. Hicimos muchas manifestaciones y llamamientos contra este recibimiento, que intentaron disfrazarlo como conversaciones técnicas. Mientras se habla de paz con los talibanes y se usa el argumento de la seguridad para acelerar deportaciones, las mujeres quedan totalmente excluidas. ¿Cómo pueden recibirlos y hablar con ellos y olvidar lo que están haciendo con las mujeres?

-¿Cómo define la situación de Afganistán en 2026 y qué perspectivas tiene de futuro?

-Afganistán vive actualmente un apartheid de género. La situación es horrible. Estos cinco años hemos vivido un retroceso enorme en materia de derechos de las mujeres y niñas, y cada vez hay menos atención internacional sobre este tema. Hay que poner en valor la lucha clandestina de las valientes mujeres afganas que siguen allí y que no reconocen a los talibanes como un gobierno. Además, las que estamos fuera tenemos el derecho de manifestarnos y de hablar de la situación. Tarde o temprano, el futuro será de las mujeres. Nosotras cambiaremos el futuro de Afganistán.

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