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Tres mujeres y una vela persiguen el plástico en el Atlántico

Laerke Heilmann, residente en Fuerteventura, impulsó el documental ‘Mujeres de Viento’ tras años trabajando en la limpieza de playas con Clean Ocean Project

Itziar Fernández 0 COMENTARIOS 19/03/2026 - 07:31

Resiliencia, perseverancia, amistad, contaminación y el poder del mar definen la película Mujeres de Viento, titulada en inglés Women and the Wind. Un documental sorprendente con el que se empatiza desde el minuto uno. Para sus protagonistas fue mucho más que un viaje o un proyecto para seguir la ruta de la contaminación del plástico en el Atlántico: fue una aventura personal y la demostración de que otra forma de vida es posible. Se mueven con el viento, sin móvil, y se enfrentan a la naturaleza para conseguir su objetivo de conciencia ambiental.

Se trata de un documental independiente, de producción propia, que sigue a tres mujeres en su travesía por el Atlántico Norte a bordo de un catamarán de madera de hace 50 años. Su viaje desde Florida hasta Azores sigue el recorrido de los polímeros a través del océano. Explora la profunda y frágil sinergia entre la humanidad y la naturaleza.

Una de sus protagonistas, Laerke Heilmann, reside en Fuerteventura y trabaja desde hace seis años en Clean Ocean Project. Cuenta que conoció a Kiana Weltzien, la capitana del viejo velero Mora Noka, al atracar en el muelle de Corralejo en pleno confinamiento, en el año 2020. Kiana venía de su primera travesía por el Atlántico y comenzó a fraguarse una amistad y un proyecto que finalmente culminó en este documental.

“Por mi trabajo estaba muy concienciada con la limpieza, siempre estoy en las playas, y ver la llegada de plásticos a las playas majoreras despertó mi curiosidad para seguir ese mismo recorrido”, señala Laerke. “El viaje que hace ese material cruza el Atlántico, impulsado por los mismos vientos y corrientes que siguen las embarcaciones y que unen las islas Canarias, Cabo Verde y Azores con América”.

Laerke Heilmann. Foto: Carlos de Saá.

En el Pacífico existe una isla de plástico que casi no se mueve y donde la basura se acumula durante mucho tiempo. “Así surge la idea de navegar para estudiar la ruta del plástico en el océano, incluso redacté un cuaderno con todo lo que vi”, desvela Laerke.

En 2021, Laerke viaja a la ciudad de Saint Augustine, Carolina del Norte, para encontrarse con Kiana, que vive en el barco. La salida se retrasó un año porque la embarcación necesitaba una reforma profunda. “Lo reparamos y en ese tiempo contactamos con una camarógrafa para grabar todo el viaje; es ahí donde aparece la tercera protagonista: Alizé Jireh”. Una joven aventurera, sin miedo a nada, que se entusiasma con el proyecto, a pesar de su inexperiencia en el mar, y sufre constantes mareos durante el viaje.

“Ver la llegada de plásticos a las playas majoreras despertó mi curiosidad”

Una cuarta tripulante fue Liz, una lagartija que aparece como polizón inesperado, a la que cuidan con cariño y que muere durante el trayecto.

El Mora Noka (1970 Wharram Narai MKI) presenta unas características y una forma muy peculiares. “Hicimos una casita para la tercera pasajera y una cocina, y había un camarote pequeño debajo”.

“La temporada ideal para esta navegación en velero es mayo y junio, para evitar los huracanes. Nosotras salimos de Beaufort el 27 de junio de 2022 porque esperamos una ventana de viento para salir a navegar y llegamos a Azores el 22 de julio”, rememora Heilmann.

“Tuvimos muchos días de viento, lluvias y oleaje que complicaron el proyecto de analizar la presencia del plástico y, aunque siempre estuvo presente, muchos días no pudimos grabar su presencia completa”, reconoce.

Metáfora visual

Durante 30 días observaron el flujo constante de los desechos plásticos transportados por corrientes como la del Golfo, convirtiendo este viaje en una metáfora visual de cómo nuestra huella ecológica viaja y persiste más allá de nuestra costa.

Con un enfoque inmersivo y cinematográfico, la película presenta este material no en forma de cifras, sino como una presencia silenciosa que altera la serenidad del océano y despierta en la audiencia una conexión emocional con el problema ambiental.

La cinta sigue durante 30 días la travesía de tres mujeres por la ruta del plástico

“Soy danesa, mi padre es capitán de barco, pero yo no soy experta en navegación ni sabía tanto del mar. Tuve que estudiar y aprender mucho para organizar el viaje y dirigirlo. En el documental parece que controlo bastante, pero estaba aprendiendo cada día en el velero”, añade la protagonista.

“La aventura se convierte también en una ruta de supervivencia, amistad y resiliencia. Nunca tuve miedo; no servía para nada en ese contexto. Éramos nosotras frente al temporal, al viento y al oleaje. Así que el miedo no era una opción: suponía un gasto excesivo de energía y había que unir fuerzas para resolver cada momento complicado de la mejor manera posible, para seguir adelante y mantenernos a flote”, detalla.

En la travesía se enfrentan a momentos peligrosos y complicados por el oleaje y los temporales: se rompe una vela y viven episodios angustiosos al entrar mucha agua en los camarotes. Duermen sentadas durante días e incluso, tras zarpar, Laerke da positivo en Covid y Alizé sufre mareos y vómitos constantes. Otro misterio sin resolver fue toparse con un velero a la deriva en medio del Atlántico, que les provocó bastante desasosiego.

“Casi todos los problemas los afrontamos con buen humor, bailes en la cubierta y muchas risas, a pesar de que pasamos días encerradas porque el suelo de fuera estaba mojado y resbalaba. Un día conseguimos pescar y comer pescado fresco, pero nuestra comida diaria eran vegetales y una ducha con agua dulce era un placer enorme después de días de navegación y trabajo”, expresa Laerke.

La aventura se convierte también en una ruta de supervivencia y amistad

El objetivo final era ver y tocar tierra, pero se tornó en tristeza. Acababa una aventura que les cambió la vida y que las unió para siempre, fundiéndose las tres mujeres en un abrazo emotivo y muy cinematográfico.

“Nos dio tanta pena, teníamos tantas emociones acumuladas y la sensación de tener todo el tiempo del mundo, que nos quedamos en la isla de Flores, Azores, otro mes para gestionar todo lo vivido y poder contarlo”, explica. “Que el móvil volviera a tener cobertura nos enfrentó a la realidad. Era el final de un reto superado y de un sueño del que no queríamos despertar”, rememoran sus protagonistas.

“Gran acogida”

El resultado ha sido una película con una energía especial, con imágenes que transmiten gran magnetismo por su fuerza, vida y amor por el planeta. El documental se estrenó el año pasado en Estados Unidos, por el apoyo y la repercusión que tuvo en el punto de salida, y se proyectó el pasado 24 de febrero en el Auditorio de Corralejo con la colaboración de Cultura de La Oliva.

“Se hizo una colecta para recoger fondos para hacer la película; colaboró mucha gente de Fuerteventura y por eso quería presentarla también en Corralejo”, comenta Laerke.

“Se grabó cada día, había mucho material audiovisual y un guion, pero nosotras decidimos implicarnos y participar en el montaje y la realización de la cinta, revisar cada escena para sentirnos cómodas y representadas en el documental, y poder contar nuestras sensaciones y experiencia del viaje”, explica. “La hemos presentado en diferentes festivales internacionales y hemos ganado varios premios, así que estamos muy contentas por la gran acogida del público”.

REINVERTIR EN MUJERES

La directora de la cinta es Alizé Jireh, con producción de Alizé, Angie Richard, Laerke Heilmann y Kiana Weltzien, bajo la dirección ejecutiva de la Fundación The Women & the Wind. Edición: Eileen Vera y dirección musical: Sebastian Sack. Con el alquiler o compra de la película en Vimeo, el 50 por ciento de las ganancias se reinvierte para apoyar a mujeres con ideas radicales.

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