El Sáhara Occidental y Canarias, una historia de ida y vuelta
Los vínculos históricos, sociales y humanos entre ambos pueblos continúan vivos en la actualidad y las Islas son claves para la memoria de la causa saharaui
Bachir Mansour tenía 13 años en 1975, un año que recuerda como convulso desde sus inicios. “En mayo, durante la visita de los representantes de Naciones Unidas a El Aaiún, recuerdo alzar la bandera del Frente Polisario en una manifestación multitudinaria que nos sorprendió incluso a los propios saharauis”. La confusión del momento se fue agravando a partir de septiembre. “Todos mis vecinos eran de Gran Canaria y Fuerteventura. Los saharauis fuimos testigos de cómo hacían las maletas, pero en ese momento no podíamos saber que nunca iban a regresar. Se fueron con lo puesto, dejando atrás coches, muebles y otras pertenencias. Solo nos quedamos los saharauis en una ciudad -El Aaiún- que estaba totalmente cercada por los militares españoles”, recuerda. “En poco tiempo vimos cómo esos militares eran reemplazados por otro contingente que nunca había pisado nuestra tierra, con uniformes que no habíamos visto nunca y que nos hablaban en dariya y en francés, lenguas que no entendíamos. Eran los marroquíes”.
En noviembre de 2025 se cumplieron 50 años del final de la presencia española en el Sáhara Occidental y del comienzo de la ocupación ilegal por parte de Marruecos. Aunque la retirada definitiva de España no se produjo hasta febrero de 1976, el pueblo saharaui vivió en aquellas semanas de noviembre de 1975 su propia nakba, (“tragedia” en árabe), que dio lugar al exilio forzado de una gran parte de la población en los meses y años posteriores, hasta el día de hoy.
Omar Abed Jalil, nacido en El Aaiún en 1957, es coordinador y fundador de la Coordinadora Sindical Canaria de Apoyo al Pueblo Saharaui (COSCAPS). En 1975 se mudó a Las Palmas de Gran Canaria para cursar octavo de EGB, desde donde regresó a El Aaiún en septiembre para continuar sus estudios, pero en octubre tuvo que volver al Archipiélago debido a la incertidumbre sobre el inicio del curso. Desde entonces, Omar reside en la capital de Gran Canaria, donde es uno de los referentes del movimiento saharaui. Las palabras huida y abandono, ampliamente usadas en la historiografía en referencia al papel jugado por España en esas semanas, no convencen a Omar. “España entregó y vendió el Sáhara”, sentencia.
Actualmente la población saharaui se reparte en cuatro áreas geográficas principales. En primer lugar está la población saharaui que nunca se marchó de su tierra y que vive en el territorio ocupado por Marruecos, bajo un alto nivel de vigilancia y represión, principalmente en ciudades cercanas a la costa, como El Aaiún o Dajla. En segundo lugar, no hay que olvidar a la población saharaui que vive en la zona liberada de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), bajo el control del Frente Polisario, al otro lado del muro levantado por Marruecos en la década de los 80 del pasado siglo. Aunque muy despobladas, existen localidades como Zug, Tifariti o Bir Lehlu, donde las condiciones de vida son muy duras y en las que el nivel de inseguridad ha crecido en los últimos años. Los ataques con drones por parte de Marruecos han provocado que muchas personas hayan huido de la zona liberada a los campamentos de Tinduf, siguiendo las recomendaciones del Frente Polisario.
En tercer lugar, se calcula que unas 170.000 personas viven actualmente en los campamentos de refugiados de Tinduf, situados en el desierto, próximos a la homónima ciudad del sur de Argelia. Según datos de ACNUR, los campamentos de Smara y El Aaiún son los más poblados, seguidos de Auserd, Bojador y Dajla. Allí conviven desde personas mayores que llegaron en 1975 hasta segundas y terceras generaciones que han nacido y crecido en los campamentos. Todas ellas dependen en gran medida de la ayuda humanitaria internacional para su supervivencia.
La población saharaui se reparte en cuatro áreas geográficas principales
Finalmente, está la numerosa población saharaui exiliada en países vecinos, como Mauritania o Argelia, donde además de Tinduf, hay población saharaui en el norte. También destaca una importante comunidad saharaui en territorio español, y especialmente en las Islas Canarias.
La colonización española del Sáhara, seguida de la ocupación marroquí y del exilio, dieron lugar a numerosos movimientos sociales y de solidaridad favorables a la causa del pueblo saharaui a ambos lados del Atlántico. La lucha por la libertad saharaui se fue extendiendo geográficamente por la diáspora a medida que la población del Sáhara Occidental obligada a exiliarse se fue afincando en otros lugares.
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Bachir Mansour. Foto: Adriel Perdomo.
La cercanía
La responsabilidad de España en esta cuestión no es solo histórica o moral, sino también jurídica. Por este motivo, las asociaciones en favor de la causa saharaui fueron muy bien acogidas en España durante la Transición y los primeros años de la joven democracia. Dentro del panorama nacional destaca el archipiélago canario como la tierra más fértil para el asociacionismo de la causa saharaui debido a la amplia presencia de exiliados, obligados a cruzar el Atlántico, y a la concienciación de la población local, cuyos lazos con la causa del pueblo saharaui son muy estrechos y en múltiples niveles: histórico, político, comercial, cultural, económico, migratorio, lingüístico, gastronómico, paisajístico o climático. Por ello, no es casualidad que las primeras asociaciones en apoyo al pueblo saharaui de España se fundaran en Canarias.
Mansour: “Los saharauis como yo somos españoles exiliados en España”
El contexto político y el flujo de población -tanto canaria como saharaui- desde el Sáhara hacia el Archipiélago, propiciaron la creación de las primeras asociaciones de la causa saharaui en España. Creada en 1976, la Asociación Canaria de Amistad con el Pueblo Saharaui (ACAPS) se convirtió en la primera de muchas que luego se replicarían por todo el Estado español. Además del asociacionismo, centenares de niños y niñas saharauis pasan los veranos en familias de acogida temporal, dentro del programa Vacaciones en Paz, creado en 1979. Desde sus inicios, Canarias ha sido una de las regiones más implicadas.
La historia no puede entenderse sin los mapas, y es precisamente esa cercanía geográfica la que explica que un gran número de personas originarias de Canarias emprendieran el camino de ida hacia el Sáhara Occidental cuando estaba bajo dominio español. Incluso antes de la época colonial, saharauis y canarios no eran desconocidos ya que hubo contactos debido al comercio y a la pesca.
Entender cómo era el Sáhara antes de 1975 es indispensable para comprender el porqué del hermanamiento entre ambos pueblos. Historiadores como José Ignacio Algueró Cuervo o Beatriz Andreu Mediero han estudiado profundamente el fenómeno de la población canaria en el Sáhara y su retorno en El conflicto del Sáhara Occidental desde una perspectiva canaria y El Dorado bajo el sol. Canarios en el antiguo Sáhara Español, entre otras obras. Resulta complicado aportar cifras precisas, pero según Algueró, de los 27.000 habitantes de El Aaiún en época colonial, se estima que alrededor de 10.000 procedían de Canarias. Más allá del ámbito académico, los testimonios, tanto de saharauis como de canarios, reafirman este sentimiento de hermanamiento.
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Bachir Ahmed. Foto: Yaiza Socorro.
El abandono
“Soy majorero y saharaui”. Así se define Bachir Ahmed, nacido en Fuerteventura en 1954. “Mi padre, saharaui, llegó a Fuerteventura en 1930. Regresaba frecuentemente al Sáhara, pero estableció su residencia en la isla majorera”. A sus 12 años Bachir se mudó a El Aaiún. Hasta que no llegó al Sáhara no tomó realmente conciencia de su identidad saharaui. Las protestas saharauis producidas en El Aaiún en 1970, bajo dominio español, marcaron un antes y un después. “Las autoridades españolas cometieron un grave error al reprimir las protestas. Las autonomías españolas en la actualidad piden mucho más al Gobierno central de lo que pedía Basiri en 1970”, señala Ahmed.
Omar Abed Jalil no habla de abandono: “España entregó y vendió el Sáhara”
En El Aaiún vivió la creación del Frente Polisario, en 1973. En 1974 marchó a estudiar a Madrid, pero regresaba frecuentemente al Sáhara. “La visita de Juan Carlos en noviembre de 1975 me pilló en El Aaiún. A los pocos días volví a Madrid y desde allí me enteré de la firma de los Acuerdos Tripartitos”, firmados el 14 de noviembre por España, Marruecos y Mauritania. Bachir tomó un vuelo dos días después y regresó a El Aaiún. “Podría haberme quedado en Madrid perfectamente, pero quería estar al lado de mi pueblo”, sentencia.
El 22 de noviembre de 1975 se vio obligado a abandonar El Aaiún rumbo al desierto. “Lo último que vi en la única televisión que había en aquel momento fue la toma de posesión de Juan Carlos tras la muerte de Franco”, recuerda. En su periplo por el desierto pasó por Amgala, Mahbes, y el campamento que se improvisó en Motlani. Cuando empezaron los bombardeos marroquíes en Motlani se desplazaron a Tifariti, y desde allí huyeron a Bir Lehlu. En enero de 1976 se empezó a hablar de Tinduf como lugar seguro. “Mucha gente estaba perdida en el desierto y en unas condiciones horribles, huyendo del napalm y el fósforo blanco usado por Marruecos. Llegamos a Tinduf en febrero de 1976, donde se establecieron los campamentos”, afirma Ahmed.
Bachir Mansour, quien relataba en las primeras líneas de este reportaje cómo vivió el final de 1975 en El Aaiún, preside actualmente el colectivo saharaui de Lanzarote. Tras llegar a Las Palmas de Gran Canaria en 1982 y vivir posteriormente en Córdoba y Madrid, decidió instalarse finalmente en la isla más oriental del Archipiélago. “Ahora soy padre de conejeros y un conejero adoptado”, afirma. Además, señala: “Los saharauis como yo somos españoles exiliados en España”.
“Yo había empezado el curso escolar, que se canceló a las pocas semanas tras la muerte de Franco y la marcha de muchos profesores. El curso de 1976 fue distinto. Los marroquíes nos mandaron en avión a Casablanca a un grupo de 58 estudiantes. Desde allí nos dividieron y nos mandaron en autocares a Tánger y a Tetuán. No entendíamos nada”, recuerda Mansour, quien afirma además que “así se eliminó progresivamente la educación en español en el Sáhara”.
En cuanto a su relación con el pueblo canario, Mansour considera que “como saharauis siempre percibimos una conexión cercana con los canarios, porque convivíamos con ellos. Mis vecinos canarios eran los hijos de los obreros y maestros. Juntos jugábamos al fútbol o íbamos a la piscina. Nuestra relación fue más especial con ellos que con los peninsulares, que eran los hijos de los militares. Aunque también eran vecinos, percibíamos una barrera que nos separaba”, recuerda Mansour. Además, añade que “Canarias era un lugar conocido en nuestro imaginario colectivo porque muchos saharauis comerciaban y faenaban y tenían contacto con las Islas desde tiempo atrás”.
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Omar Abed Jalil. Foto: Adriel Perdomo.
La convivencia
Los numerosos lazos que conectan el Sáhara con España no pueden ocultar que la relación ha sido desigual. Los españoles en el Sáhara estaban ocupando un territorio, mientras que los saharauis en España son exiliados de su tierra, víctimas de la traición de 1975 y de la ocupación marroquí. Sin embargo, tanto saharauis como canarios coinciden en considerar al otro como pueblo hermano. La singularidad canaria se debe en gran medida a la estructura de la sociedad colonial del Sáhara español, muy militarizada, como explican los numerosos testimonios de las personas que vivieron esa realidad. La misma opinión es compartida por testimonios procedentes del lado canario.
Bachir Ahmed: “Tinduf surgió como un asentamiento temporal”
María Jesús Alvarado es escritora, editora, poeta y cineasta. El testimonio de su infancia ilustra el motivo por el que muchas de las personas canarias que vivieron la salida del Sáhara siguieron vinculadas con el territorio y con la causa saharaui mucho después. Nacida en Las Palmas de Gran Canaria en 1960, a los pocos meses sus padres, ambos maestros -él, de niños; ella, de niñas-, se mudaron al Sáhara español a ejercer su profesión. Hasta que tenía 11 años vivieron en Villa Cisneros (actual Dajla), y después se mudaron a El Aaiún, desde donde abandonaron el Sáhara rumbo a Gran Canaria poco antes de que se consumara la retirada de España y la ocupación marroquí, en 1975. Con apenas 15 años ya había realizado el viaje de ida y de vuelta.
“Mi madre fue previsora y por eso mi hermano y yo empezamos el curso de 1975 en Las Palmas. Mi padre sí empezó el curso enseñando en El Aaiún, pero antes de finalizar el primer trimestre regresó a Gran Canaria. Por suerte no viví una salida apresurada, aunque sé de otras familias que no tuvieron más remedio que esperar hasta el último momento y al final se marcharon de forma abrupta, en barco o en avión, dejando atrás pertenencias, ante la inminente llegada de los marroquíes”. Así relata María Jesús Alvarado los recuerdos de su adolescencia y el comienzo del curso escolar sacudido por los acontecimientos.
En cuanto al hermanamiento del pueblo canario con el saharaui, Alvarado sostiene que “la sociedad española en el Sáhara era muy estratificada y clasista, pues seguía el patrón militar. El lugar de ocio por excelencia era el casino de los oficiales, al que acudían personas con alto estatus social”. La población canaria no entraba en esa rigidez y estratificación social propia de las sociedades coloniales. “Los canarios eran en su mayoría obreros, pescadores, o pequeños comerciantes. Por tanto, su vida no encajaba tanto dentro de la rigidez clasista y estaba más próxima a la población local”, explica Alvarado, que vivió esta realidad de primera mano como niña.
“A pesar de que mis padres eran maestros -y, por tanto, tenían la categoría de oficiales-, se negaron a encerrarse en la burbuja elitista y tuvimos mucho contacto con los saharauis, que valoraban y respetaban mucho la figura de los maestros. Por este motivo nos invitaban a celebraciones locales y a fiestas populares”. Alvarado continúa explicando que la convivencia era especialmente buena entre canarios y saharauis, hasta el punto de que muchas amistades que se iniciaron en el continente africano continuaron en el archipiélago canario después de 1975. El hecho de que pasara sus primeros años de vida en Villa Cisneros, una ciudad muy pequeña, familiar y más alejada de las turbulencias políticas de El Aaiún, también ayudó a forjar esos lazos.
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Sukaina Ndiaye. Foto: Miguel Otero.
La diáspora
En su artículo La diáspora saharaui en Canarias: diasporización, movilización y contestación, publicado en 2023 en la Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, Nasara Cabrera Abu afirma que la década de los 90 supuso un cambio de paradigma en el exilio saharaui hacia Canarias. Mientras que antes de esa fecha la mayor parte de personas procedían de los territorios ocupados, a partir de entonces se vio cómo cada vez más personas exiliadas procedían de los campamentos de Tinduf.
Sukaina Ndiaye: “No vamos a decaer. Mientras viva un saharaui, la causa seguirá”
Según la doctora en Sociología por la Universidad de La Laguna, la diáspora saharaui en Canarias presenta una marcada identidad política que se traduce en el anhelo del retorno y la creación de un Estado independiente en su tierra natal. La familia ha sido el agente principal de transmisión de la identidad política, pero la comunidad local y la socialización con otras familias y asociaciones saharauis han sido piezas clave para sostener el movimiento. En cuanto a su localización en el Archipiélago, además de en las capitales insulares, la diáspora saharaui se concentra en zonas meridionales de las Islas donde hay una importante actividad económica derivada de la industria turística, como en Vecindario (Gran Canaria), San Isidro (Tenerife), Morro Jable (Fuerteventura) y Yaiza (Lanzarote).
Otro aspecto interesante del retorno de la población canaria al Archipiélago es que dio lugar a una improvisación urbanística para acoger, de manera inesperada, a un número muy elevado de personas. En el capítulo Canarias y la cuestión del Sáhara occidental, del libro colectivo El Sáhara Occidental, 40 años después, José Abu-Tarbush Quevedo señala que Fuerteventura pasó de 17.957 habitantes en 1970 a 27.104 en 1981. Dentro de este crecimiento exponencial de la población de Fuerteventura hay que contabilizar a los integrantes del Tercio de la Legión Don Juan de Austria, integrado por una cifra que oscila entre los 3.500 y los 5.000 efectivos. Tomás Bárbulo, autor de La historia prohibida del Sáhara español, un libro de referencia sobre el tema, también es buen conocedor de la isla de Fuerteventura. El desembarco de la Legión y la llegada de numerosas familias desde el otro lado del Atlántico dieron lugar a ese urbanismo descontrolado, que se manifiesta en el hecho de que en algunas zonas de la capital majorera falten aceras, como en el barrio de Fabelo, según las observaciones de Bárbulo.
Otro ejemplo a nivel urbanístico es el barrio de Las Remudas, en el municipio de Telde, próximo al aeropuerto de Gran Canaria. El retorno inesperado de cientos de familias a la Isla coincidió con la fase de expansión del barrio, que estaba en plena construcción. Aunque el proyecto arquitectónico inicial no contemplaba este hecho, sirvió para dar acogida a numerosas familias que se instalaron en la zona.
La causa
Sukaina Ndiaye Hmeyada es un ejemplo más reciente del exilio saharaui en el Archipiélago. La activista llegó a Canarias en el año 2000 después de que uno de sus hijos fuera acogido en Tenerife a través del programa Vacaciones en Paz. Además de presidir la Red Migrante de Tenerife y de coordinar la Asociación de Mujeres Africanas en Canarias (AMAC), Sukaina es la representante de Mujeres Saharauis en Canarias, y también preside la Asociación por la Libertad del Pueblo Saharaui (ALPS) en Canarias.
La cuestión del Sáhara Occidental sigue aún sobre la mesa, sin resolver
Sukaina recuerda que su madre fue enfermera en La Güera -ciudad fronteriza con Mauritania, hoy despoblada tras el abandono de España-, además de comerciante. Por ese motivo, durante la etapa de la colonización española viajaba esporádicamente a las Islas. Con los recuerdos presentes de la trayectoria de su madre, Sukaina afirma que “instalarse en Canarias fue fácil”, ya que se sentía como en casa. “Para el Sáhara, Canarias es un pueblo hermano. Nos unen muchas más cosas de las que nos separan”.
Para la activista saharaui afincada en Tenerife desde hace un cuarto de siglo, la principal labor de las asociaciones saharauis en el Archipiélago es la de sensibilizar para que la causa no caiga en el olvido y mostrar la realidad para que el pueblo saharaui pueda regresar a su tierra. Además, considera que es importante seguir visibilizando la conexión entre ambos pueblos. Profundizando sobre la situación actual del asociacionismo, Bachir Ahmed opina que “el tejido asociativo en favor de la causa saharaui está centrado en el asistencialismo a la población de Tinduf. Eso no es necesariamente malo, pero no podemos olvidar que nuestra causa es política y que Tinduf surgió como un asentamiento temporal”, afirma.
En el panorama de la geopolítica internacional, Sukaina afirma que “la cruz del pueblo saharaui es España, que nos ha vendido”. En cuanto a Marruecos, considera que “es una monarquía caduca que terminará por caer, aunque Estados Unidos hará todo lo posible para que eso no ocurra. Nosotros tenemos un aliado fuerte y rico, que es Argelia”.
El futuro
El quincuagésimo aniversario del exilio del pueblo saharaui coincidió con un momento de movilizaciones globales en protesta por el genocidio que Israel está cometiendo contra el pueblo palestino. Sukaina considera que “son situaciones diferentes, pero con similitudes porque ambos pueblos hemos sido despojados de nuestra tierra y nuestros derechos están socavados”. Sobre este paralelismo, Mansour añade que “somos dos pueblos invadidos, con mucho sufrimiento acumulado. Según Ahmed, “lo que está pasando nos pone alerta. Los palestinos llevan ochenta años luchando, nosotros cincuenta. Se trata de una advertencia, y estoy seguro de que si nuestra situación empeora y llega al extremo de sufrimiento que padece Palestina hoy en día, el pueblo español responderá a favor de la causa saharaui”.
Ante la pregunta de si la causa palestina está silenciando la causa saharaui al ocupar casi todo el foco mediático, Sukaina no muestra preocupación: “Todos los saharauis hemos participado en las manifestaciones por Palestina, pero eso no quiere decir que se vaya a olvidar al Sáhara. Son dos causas diferentes que tienen en común la lucha por la libertad de los pueblos”. Omar añade que “vivimos un despertar mundial contra las atrocidades y la barbarie que está cometiendo Israel contra la población civil palestina”. Considera que ese despertar es muy positivo porque “está obligando a los gobiernos a posicionarse por la justicia internacional y el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas”.
En un momento de encrucijada en la geopolítica global, la cuestión del Sáhara Occidental sigue sobre la mesa, sin resolver. Después de cincuenta años desde el inicio de la ocupación marroquí y de los giros en las posturas de Estados Unidos y España en los últimos años, la situación no parece favorable para la causa saharaui. No obstante, la volatilidad del panorama internacional hace que todo resulte imprevisible y que la coyuntura pueda cambiar. A pesar del señalamiento de los saharauis al Gobierno español por la doble traición, existe un generalizado sentimiento de amistad con la sociedad civil y el pueblo canario, considerado como hermano por ambas partes. Interrogada sobre la posibilidad del agotamiento dentro de los movimientos que luchan por la causa saharaui, Sukaina afirma: “Tenemos muchos referentes en la resistencia y después de cincuenta años de lucha, no vamos a decaer. Mientras viva un saharaui, la causa seguirá viva”.
















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