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Crónica de la visita al epicentro de las prospecciones en Canarias

A la tercera va la vencida. Es lo que se suele decir bajo el amparo del refranero español. Tras dos ocasiones en las que la prensa se vió convocada y, finalmente, se quedó con las ganas de visitar la zona en la que el buque de Repsol, el Rowan Renaissance perforará el suelo marino, parecía que este lunes sería el día.

Convocados a las ocho de la mañana en la Escuela de Pesca, con el mar como un plato, todo apuntaba a una salida temprana. Pero las sospechas de nervios en los despachos y presiones allí y allá para que no salieramos tomaban forma conforme pasaban las horas. El recelo de la Policía Portuaria, de Salvamento Marítimo y de Capitanía para con los viajeros vinculados a los medios de comunicación no hacían más que confirmar que algunos deseaban que la prensa no llegará al barco de Repsol o que, como mínimo, se retrasará la salida lo suficiente como para entorpecer la labor periodística.

Cuatro horas después de lo previsto, el Bocaina, buque escuela de la Escuela de Pesca, partía hacia el Rowan Renaissance no sin antes recibir nuevos baches para el camino, la distancia que deberíamos mantener con el barco de Repsol no sería de una milla como le ocurría a Greenpeace, sino de milla y media, todo sea por liberar al barco perforador del peligro de nuestras cámaras y el análisis de nuestros ojos.

Con una previsión de tres horas de duración para el trayecto de casi 30 millas, pronto la naturaleza compensa el esfuerzo y aparece una manada de delfines jóvenes que juguetean con nosotros, dibujándonos una sonrisa en el rostro y demostrándonos la vida que circula bajo nuestro casco. Poco después observaríamos más vida marina, tortugas, algún tiburón, multitud de pájaros y, curiosamente, más delfines junto a la zona de prospecciones, a pesar del manido discurso de que en esa zona no hay vida animal que proteger.

Aproximadamente a mitad de camino, unas quince millas, comienza a verse sin problemas el barco de Repsol que, teniendo en cuenta la distancia restante, se antoja una mole rozando lo neoyorquino en mitad del océano.

Un par de millas después aparece en escena el barco de la Armada española que, aunque no aparece en el radar al tener apagado el sistema AIS, se mantiene fiel a su misión de acunar y mimar al barco de Repsol. La Armada se pone en contacto con el buque conejero preguntando sobre sus intenciones al acercarse al Rowan Renaissance. Informados de que en el barco escuela viaja un grupo de periodistas para grabar lo que se cuece en el epicentro de las prospecciones en aguas canarias, el interlocutor de la Armada recuerda la nueva distancia a guardar con el barco por el que velan, que ha crecido en apenas 24 horas de 1 milla a 1.5 millas de distancia.

La cercanía del barco de Repsol confirma las sospechas sobre su tamaño, una auténtica ciudad flotante, desmesurada, con casi 300 metros de eslora, que parece inmune a cualquier intento de paralizar su sagrada misión.

Antes de acercamos al límite marcado por el Gobierno Español en defensa de una empresa privada, la fragata de la Armada española comienza a moverse hacia nosotros, recuerda por radio las condiciones para la visita y desembarca una zodiac cargada con cinco hombres, sin que hasta el momento haya podido descartar que se tratara de la zodiac que embistió y mostró un primerísimo plano de su hélice a los activistas de Greenpeace.

La zodiac intenta esconderse tras su propio barco en un primer momento para, minutos después, que parecieron eternos, comenzó a acercarse a nosotros con el ánimo, al parecer, de grabar en video todos nuestros movimientos.

Teniendo en cuenta que habiamos visto de lo que esa zodiac era capaz de hacer, mejor saludar a la cámara del ejército y hacer nuestro trabajo. Grabarlos y fotografiarlos a ellos también sin demora alguna.

Tras fotografiar la zodiac cargada con cinco hombres, supuestamente españoles, porque iban tapados hasta las cejas a pesar del calor reinante y, supuestamente españoles, porque procedían de una fragata española que vigilaba a unos periodistas españoles y a un barco conejero en defensa de un barco extranjero, la embarcación de la Armada se colocó detrás de nosotros a una distancia prudencial, al mismo tiempo que la zodiac pasaba de colocarse entre nuestro barco y el Rowan Renaissance, a colocarse en el otro lado de nuestro barco. En ese mismo momento mi cámara capta una imagen que demuestra que es mentira uno de los argumentos para defender las prospecciones en esa zona, la falta de abundante vida animal.

Pues bien, a 1.3 millas del barco de Repsol, un confiado delfín aparece por detrás de la zodiac de los militares españoles, cargándose esa teoría y dibujando una estampa preciosa para la posteridad.

Antes de rodear el Rowan Renaissance recordamos las cuatro horas que habiamos estado retenidos en el Bocaina a la espera de que se resolvieran los problemas burocráticos pertinentes y nos acordamos porque la luz empieza a escasear, pero el ánimo ya no decae porque el viaje estaba casi finiquitado y las fotos anheladas ya dormitaban en la tarjeta de memoria.

Tras un curioso intercambio de agradecimientos por el trato fingido entre la fragata española y el barco español,  el buque escuela comienza el viaje de retorno a Arrecife, con el mar más enfadado que en el viaje de ida y con la sensación de haber visitado el epicentro de lo que es noticia en la actualidad y lo que esperamos no lo sea dentro de un tiempo con tintes negativos y negruzcos.

 

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